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25 de Julio de 2012
Editorial Revista Cabildo Nº 97
POLITICA BASTARDA
Por Antonio Caponnetto

 

Por avanzada que esté la guerra semántica, disolviendo y tergiversando el valioso patrimonio de los significados esenciales, todavía nuestra lengua permite llamar degenerada a la persona de condición mental y moral anormal o depravada, a la que suelen acompañar por lo común algunos peculiares estigmas físicos.
A la vista de lo que dice y obra la presidenta; y más aún, de cómo ejecuta sus decires y obrares, no encontramos ya un término más calibrado que el que acabamos de proferir para diagnosticar el mal que la envuelve.
La verborragia compulsiva y mendaz se le ha vuelto hábito; el exhibicionismo de su talante mandón, rodeada de obsecuentes, lo tiene como rutina; las prácticas del rencor ostensible y de las venganzas personales son cada vez más reiteradas; el cinismo de su logomaquia, la crueldad con sus adversarios, el destrato con sus sirvientes o el monotematismo de sus autoreferenciales elogios, constituyen su fisonomía ordinaria. Ha perdido completamente el sentido del ridículo, y casi hasta el del decoro. Las alteraciones intempestivas del humor la acompañan de manera visible, constituyendo el penoso caso clínico que la psiquiatría suele denominar trastornos del afecto. Maníaca y furiosa, victimaria y victimizada a la vez, llorosa y riente, melodramática y chacotera de baja estofa, incurre de continuo en lo que los lógicos llaman falacias y los sufridos psicólogos fuga de ideas, propia de los pacientes con furores y tirrias desbordados. Confundiendo lo privado con lo público y lo partidocrático con lo estatal, resulta cada vez más el monigote que la remeda televisivamente, que ella misma. Y para que el cuadro degenerativo sea completo, el propio esquema corporal –que tanto dice cuidar- ha comenzado a dar señales inevitables del morbo que la domina y aturde. De resultas, y a fuer de zafiedad cuanto de ausencia absoluta de toda gravitas, su figura se aleja más de la propia de una señora, para recordar la faccia bruta de su difunto esposo.
Ejemplos de políticas degeneraciones se acumulan a granel. ¿Cómo no habría de llamarse de este modo al uso de las oficinas recaudadoras estatales para castigar a quienes testimonian el descalabro; o la grotesca operación destituyente de ese infeliz felpudo que gobierna la provincia de Buenos Aires; o la convalidación del torvo clan sionista que desfalca Tucumán; o la amenaza con la prisión a aquellos sindicalistas que hasta ayer les llenaron las urnas de papeletas roñosas, y que de ser culpables deberían compartir juntos las mismas rejas; o el recurso a los matones morenianos para disciplinar las operaciones comerciales; o las escandalosas conductas de jueces prostibularios y sodomitas que fallan a favor del gobierno; o la manipulación de la cadena nacional para felicitar a una quinceañera maleducada, desautorizar públicamente a la directora de su colegio o zaherir a un abuelo, cual si fuera el enemigo del pueblo, por comprar un puñado insignificante de dólares?
Pero un caso singularmente significativo probará la naturaleza cabal de la degeneración que protestamos. Un día de la primera semana de julio, Cristina recibió gozosa y exultante a un haz de personajes prostibularios, a quienes en virtud de las recientes leyes por ella impulsadas se les concedió la nueva “identidad” sexual, elegida caprichosamente acorde con sus desvíos contra natura. La degenerada dejó explícitamente en claro la felicidad que tal acto le causaba, prodigándose en ternezas para con aquellos seres tenebrosos, tenidos ahora por paradigmas. Al día siguiente, empero, con ocasión de recibir a Monseñor Oscar Ojea, completó el gesto ultrajante del Plan Divino. Conversando con el prelado llamó “hermosísimo acto por la igualdad” al que había festejado el día anterior con aquellos mutantes aborrecibles; se atrevió a asegurar la conformidad de Dios ante tamaño pecado, y en el colmo del meditado desquicio le dijo al obispo: “menos mal que no estuvo ayer, si no me excomulgaba”.
Prescindiendo ahora del repudio que deban merecernos estos pastores cobardes, temblorosos ante la tiranía, cómplices por debilidad y omisión de sus graves desmanes, e incapaces de bajar el báculo punitivo contra las testas de los infames, la frase cristínica revela cuánta y cuán clara conciencia tiene del castigo eclesiástico que le correspondería por profanar sistemáticamente el Decálogo, combatiendo con odio y a sabiendas contra el Orden Natural y el Sobrenatural. Prueba inequívoca de que no hay atenuantes en su perfidia, sino el agravante infausto de quien actúa con pleno conocimiento de que se está apartando voluntariamente de la Barca, burlándose del timor Domini y desafiando la merecida excomunión. La sordidez de esta política anticatólica llegaba así a su vértice más repugnante y atroz.
Seguiremos en batalla contra la despótica degenerada y su séquito, sin importarnos la desproporción de fuerzas. Porque hay algo que nos amedrenta muchísimo más que las consecuencias que puedan seguirse de esta posición irreductible y frontal, y es el acostumbrarnos a tener por patria un cubil.
Opongamos a los degenerados el antídoto valiente y efectivo de la regeneración. "No sacrificaré", decían escueta y enérgicamente los primeros mártires, cuando eran obligados bajo tormentos a rendir culto a las falsas deidades.
No ceses en tal empeño, compatriota. No sacrifiques en el altar de estos protervos. No claudiques ni te fatigues en la marcha. La Cruz y la Bandera son tus báculos firmes, y si el horizonte que pisas es la tierra agrietada, el norte sigue siendo el Cielo que no sabe de fisuras, intacto en su lumínica grandeza. Hazte de plata y espejea el oro que se da en las alturas, y verdaderamente serás un argentino.



¿QUE ES NACIONALISMO?

La descripción auténtica de su verdadera existencia.
Exposición del Dr. ANTONIO CAPONNETTO

PARTE I



La descripción auténtica de su verdadera existencia.
Exposición del Dr. ANTONIO CAPONNETTO

PARTE II





La descripción auténtica de su verdadera existencia.
Exposición del Dr. ANTONIO CAPONNETTO

PARTE III





La descripción auténtica de su verdadera existencia.
Exposición del Dr. ANTONIO CAPONNETTO

PARTE IV






13 de Junio de 2012


EDITORIAL
Antonio CAPONNETTO
El Nacionalismo

Sea porque la confusión campea por doquier; sea porque el primado de la mentira ha batido todos los límites concebibles, o sencillamente porque la hipnosis causada por los medios es cada vez mayúscula, lo cierto es que no pocos sectores insisten en fustigar al gobierno acusándolo de nacionalista. Mientras el gobierno -sabedor de que el mote tiene una carga ideológica ajena a su ideario— se limita a posar de patriota, con penosas fintas de compadrito que no logran ocultar su naturaleza unánimemente cipaya.
Así sucedió con ocasión de los treinta años de Malvinas: todo cuanto oficialmente se dijo fue funcional a los intereses británicos. Y así sucedió asimismo con la reciente kirchnerización de Y. RE, parodia nacionalizadora sólo comparable a la compra de los ferrocarriles que hiciera Perón en su primer mandato. Cuanto ejemplo pudiera ponerse de patriotismo cristínico arrojaría el mismo saldo.
La patria a la que sirven estos delincuentes no es La Argentina sino exactamente su contracara. Un país donde los jueces regentean burdeles, los funcionarios decuplican sus patrimonios, los degenerados se ayuntan legalmente, cada cual elige su genitalidad a la carta, y tanto el pasado cuanto el presente están concebidos para homenajear a los terroristas y condenar a quienes lo enfrentaron. "Un país sin mañana, sin jefe y sin poeta", profetizaba Castellani, quedándose muy corto esta vez.
Si propios y extraños, liberales y marxistas, quisieran hallar un símbolo próximo de la distancia insalvable que media entre este modelo incalificable y el genuino Nacionalismo, podrían acudir a las palabras pronunciadas en el Senado por Roxana Latorre, cuando el pasado 9 de mayo se dio sanción definitiva al proyecto filoeutanásico oficial. La referida senadora —explícitamente aliada del gobierno— repitió las palabras del indigno español Pablo Simón Lorda, que dicen para su escarnio: "morir en combate defendiendo la patria, el rey, la religión o la ley, pudo ser el ideal de muerte digna hace siglos. Morir asumiendo el dolor como imagen del Cristo sufriente, lo fue hace no tanto. Pero en nuestra sociedad rica y moderna, morir dignamente significa morir con el mínimo sufrimiento, informados si se desea; morir rechazando los tratamientos que uno no quiere". A su turno, la bestia servil de Aníbal Fernández, agregaba entre sus hedores habituales que "hay que terminar con aquella vieja concepción del dolor para conquistar el cielo".
No hay margen para comentarios ni exégesis. Cualquier análisis huelga, que la ramplonería no admite glosas, ni el cinismo paráfrasis, ni el ester-colero disquisiciones. Solamente vamos a recor-dar en prietas líneas lo que todos saben —empezando por nuestros enemigos— pero que fingen ignorar para incrementar el caos espiritual en que vivimos.
Y lo bien sabido es que el Nacionalismo —tenga los defectos o aciertos que tuviere—está en las antípodas del progresismo con cjue dan en calificar y en sustantivizar la naturaleza del modelo vigente, desde la primera angoleña por adopción hasta el último de sus corifeos. Está en el extremo opugnador de este monumento al latrocinio, la contranatura, la perversión democrática, el histerismo y la criminalidad montoneril, que han levantado los Kirchner en la última década. Monumento abyecto y ultrajante del que son víctimas muchedumbres de compatriotas, a quienes se obliga a vivir en una nación negada al Decálogo, al más elemental decoro y al ejercicio básico de la compostura.
El Nacionalismo del que nosotros nos sentimos herederos y continuadores, quiere saber vivir y morir combatiendo por aquellos bienes que insensatamente dan por superados los agentes de la tiranía: la Cruz de Cristo y la Patria Argentina, el Rey de los Cielos y la soberanía espiritual de nuestra tierra.
Quede asentado en estas páginas, para que nadie ose mañana, impunemente, adulterar los significados políticos trascendentes. •


Editorial de "REVISTA CABILDO" N°95
Mes de Abril de 2012

16 de Mayo de 2012
La Desquiciada
Cristina admitió que los fondos de Santa Cruz se evaporaron
Aumentan con el paso de las horas las pruebas del profundo desquicio personal y político en el que se encuentra sumida Cristina de Kirchner. Sus frecuentes apariciones retratan un rostro en creciente descomposición, una retórica cargada de idiotismos, risas necias emergiendo de su boca trastornada, y un llanto -ora fingido, ora real— que controla a voluntad según las convulsiones suscitadas en sus amaestrados auditorios. Entre los gravísimos hechos protagonizados últimamente por la desquiciada, se cuenta primeramente su ataque ferocísimo a la institución familiar, mediante un proyecto de reformas legales elaborado en paridad de culpas con la gavilla que preside Lorenzetti. Horrible paso es la conculcación expresa del Orden Natural y del Sobrenatural. Condenable asimismo, y sin atenuantes, es que cada uno de los elementos constitutivos del hogar cristiano sean metódicamente despreciados. Y todo repudio es escaso ante el despliegue de un relativismo ético tan grotesco cuanto malévolo. Pero que a la par que tamaña ofensiva ejecutada contra el Decálogo, Cristina proclame vivir como católica, es mucho más que el desgozne de una trastornada. Es un acto calculadamente sacrilego, que de existir algún pastor másculo en estas costas, no debió quedar sin contundente sanción canónica.
Tenemos por segundo ejemplo del desquicio, lo sucedido alrededor del trigésimo aniversario de la Reconquista de las Malvinas. La presidenta coincide con los ingleses en afirmar que el dignísimo 2 de abril fue nada más que un atropello a la libertad de los kelpers. Coincide con la intelligentzia apatrida que dice cuestionarla, al descalificar la guerra justa y presentarla como un abuso dictatorial más a un puñado de chicos inexpertos. Y coincide con su inherente roñería moral al exhibir desenfrenadamente su rechazo por lo épico y lo castrense, manifestándolo con tonalidades ideológicas que delatan una marcada propensión por los relatos masónicos y marxistas. Como en el caso anterior, tampoco aquí lo más escandaloso es el agravio a la patria en sus gestas militares, sino que la fautora de tamaño mal insista en llamarse "presidenta malvinera", sin que falten imbéciles que la tilden de nacionalista, en tono acusatorio. Bueno sería que no escasearan veteranos ni combatientes aunados en el propósito ; común de desenmascar para quién trabaja la fregona de Buckingham.
Sumemos de rondón un desvencije más de la desquiciada. Cual módica simona wiesenthal de las pampas no halló mejor idea que detectar un par de nazis en los medios que tiene por adversarios, sin querer advertir lo mucho que se le parecen. La explicación "científica" del sorprendente hallazgo la llevó a incursionar por los campos de la genética, descalificando a quienes se atrevieran a conjeturar que los mancebos de La Cámpora fueran portadores del mismo gen montoneril de sus padres. "Me sonó a Mengele", confesó preocupada.
Lo insólito del desmadre mental no es tanto la búsqueda de cualquier argumento para defender a los muchachos onanistas /todos unidos triunfaremos, sino que no se tenga por mengeliana quien convirtió en política de Estado el vejatorio saqueo genético de dos jóvenes, sólo para saciar una venganza personal con un medio masivo. Sin contar sus declaraciones a favor del determinismo genetista, cuando el 22 de junio del 2011 inauguró un edificio anexo del Instituto Leloir, o su prólogo a un libro para niños del escritor brasilero Monteiro Lobato, tenido por racista en los mismos medios progresistas que le son rabiosamente afines.
Contra el desquicio no queda más antídoto que la recomposición del Orden. O más exactamente: la reimplantación del quicio. ¿Dónde hallar estos exponentes del Orden en una patria cuyas murallas han sido derrumbadas, comenzando por los contrafuertes de su templo mayor? La respuesta es simple y compleja a la vez en quienes aún tengan la gracia de no estar ciegos, ni sordos ni mudos. Que los que vean señalen, que los que escuchen alerten, que los que puedan hablar se suban a los tejados. Tal vez, entonces, el Creador de todo Orden se apiade de nosotros y nos libre de la tiranía de los desquiciados. •


16 de Abril de 2012
La reproducción de viejos números de la revista Cabildo que realizo en elquijote2010, mientras se aguardan sus nuevas apariciónes, son realizadas para el logro de  restaurar una educación y formación de los verdaderos valores nacionales. Los artículos allí exhibidos desparraman verdades destinadas al fin de evitar la sumisión inexplicable de una nación que alguna vez fue cristiana.   

Publicado en Revista Cabildo N° 64
Mes de Marzo de 2007
Editorial
KIRCHNER, EL FUGITIVO

Son varios ya los observadores que le han señalado a Kirchner una propensión irrefrenable a la incomparecencia en situaciones límites. O dicho sin efugios y algo silvestremente: a escapar cuando las papas queman. Si centenares de miles se agrupan frente a la Casa Rosada, reclamándole una seguridad cuya ausencia se ha cobrado innúmeras víctimas, el felón se ausenta sin aviso y enreja cautamente el perímetro de la protesta. Si algún tirito zumbón y un par de mamporros sindicales cruzan el aire enrarecido de la quinta de San Vicente, desaparece castañeteando sus belfos y hundiendo su naso combo del que la voz emite. Si acepta y anuncia su presencia en actos oficiales, mas los fisgones rentados le advierten que habrá en ellos protestas contra su gestión y persona, huye entre las brumas y tremulaciones de uretra. Si de homenajear la causa justa de Malvinas se trata — y todo está dispuesto en elaborada ceremonia para que convalide con su rango los legítimos reclamos nacionales— mas le anotician que rondará el festejo un puñado de disconformes, pondrá pies en polvorosa. Al fin, que si se inunda una provincia, arde un buque, mueren cientos o peligran vidas, se dará a la fuga, engurruñado y tembleque. Paralelamente, lo hemos visto, el hombre se agranda tras el atril, secundado por sus proxenetas, rodeado de su caterva, protegido por sus esbirros, asistido por sus festejantes, valiente como cazador de fieras en un museo de ciencias naturales.
Tiene esta conducta no menos de tres explicaciones. Puede acercar la primera la psiquiatría cuando registra la pronoia como una anomalía, según la cual, quien la padece, cree que el mundo entero ha nacido para admirarlo y bendecirlo, sin sombras de reproches ni señalización de yerros. De allí esas espantosas zambullidas afectivas que necesita efectuar regularmente el pronoico Kirchner sobre ciertos núcleos de adeptos previamente arreglados, y a quienes se entrega al manoseo, la repartija de besos, arremuescos demagógicos y promiscuas gesticulaciones. De allí, paralelamente, esos castigos burdos que propina a cuantos osen no amarlo o se permitan disentir con él.
La ciencia de la moral acerca la explicación segunda, para decirnos sin rodeos que se trata el presidente de un hombre inferior, dominado por la vileza, el torpor, y todos los modos comprobables del resentimiento. Es, en suma, el fenotipo antropológico del cobarde. Para él parecen escritas las palabras de Demóstenes a Esquines: "elegiste una conducta política tal que en los momentos de suerte de la patria llevabas una vida de conejo, asustado y tembloroso, siempre en espera de golpes que sabías merecías por tus perfidias; en cambio, en las desgracias de los demás, muestras a todos tu descaro". Ningún acto de arrojo engalana su biografía. Sobran en cambio los de usura y codicia, oportunismo, guaranguería y vulgaridad atroz.
Mas cabe una tercera explicación, tal vez la más relevante, que bien puede acercar la filosofía. Practica el malacruceño el principio de la inmanencia vital, que hablando fácil, consiste en hacer preceder las necesidades a los hechos. Dada una necesidad partidaria, mezquina, sectaria, ideológica o electoral, se fabrica un hecho que le permita satisfacerla, sin reparar en los daños causados o en las mentiras que tal montaje suponga. Tal, por ejemplo, el escandaloso secuestro ficto del albañil Gerez.
Si la necesidad es perseguir a las Fuerzas Armadas, se fabricará el hecho del genocidio; si ultrajar a la Iglesia, el de un capellán castrense que quiere arrojar al mar a un ministro; si legalizar el aborto, el de una desventurada encinta tras alegada violación; si legitimar las malandanzas del piqueterismo, el homicidio "mártir" de algunos de sus delictuales miembros; si desprestigiar a la policía, el caso de algún agente obligado a reprimir primero, y acusado después de asesino. Si la necesidad es mostrarse soberano, se inventará el hecho de una pugna contra los Estados Unidos, cuando la realidad es que a sus planes plutocráticos y mundialistas sirve dócilmente.
La verdadera política obra exactamente en sentido contrario. Parte de los hechos, de la realidad, de las cosas como sustantivamente son. Parte de los hechos para hacer posible lo necesario, en orden al Bien Común Completo. Que supondrá el bienestar pero subordinado a la virtud, y la virtud encaminada a la salvación.
Esta es la arquitectura empírica de las sociedades por las que bregaba el lúcido Maurras, y que sólo podría ser viable en una patria concreta, si la conducción de sus destinos estuviera en manos de su personalidad más eminente, de su caudillo singular, de su varón de coraje, de inteligencia y de honor.
Dos bandos quedan trazados hoy sobre el cuerpo llagado del país. En el uno se inventan hechos para satisfacer necesidades espurias. En el otro, los hechos hablan de la necesidad de acabar con la ruindad kirchnerista. En uno manda el cobarde maleducado y repelente, y quienes se prestan a su juego regiminoso. En el otro, resistimos los patriotas. •
Antonio Caponnetto


31 de Marzo de 2012
Malvinas: treinta años

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Fue aquella una guerra justísima, cuyos resultados temporariamente adversos no anulan ni opacan la recta decisión de librarla y el honor de quienes supieron protagonizarla con gallardía.
Por Antonio Caponetto
Próximos a cumplirse los primeros treinta años de la Reconquista de Malvinas, parece propicia la ocasión para asentar algunos enunciados.
Sirva el inicial de plena ratificación a lo que desde siempre venimos afirmando; a saber, que fue aquella una guerra justísima, cuyos resultados temporariamente adversos no anulan ni opacan la recta decisión de librarla y el honor de quienes supieron protagonizarla con gallardía. Sigan pensando pacifistas, ignorantes y descastados de todo jaez, en las hipótesis mezquinas que habrían motivado la contienda, sosteniendo entonces —contestes con su miopía— que la rendición fue el escarmiento y el fracaso que nos merecíamos. Para nosotros, el 2 de abril sigue siendo la fiesta de la dignidad nacional, y el 14 de junio la cifra de todas las claudicaciones que aún perduran, aborreciblemente potenciadas.
De sobra sabemos que la Argentina de 1982 era una época sombría y decadente, bien que por motivos antagónicos a los que hoy esgrime la historia oficial, subsidiada y ficticia. Como de sobra sabemos que hubo quienes condujeron las operaciones o se condujeron a sí mismos, asidos al pellejo, sopesando cálculos antes que pálpitos, midiendo las armas por sobre el coraje, diagramando estrategias diplomáticas cuando debían soñar asaltos a campo traviesa. Sólo cabía el triunfo, que sigue siendo tal —o empieza por ser tal— si se triunfa sobre el afán de conservar la vida, y el corazón se alista en la brigada de los mártires; en ese último pelotón spengleriano, dueño de todos los arrojos y de la osadía de donarse sin reservas. Pero llegó la batalla legítima en el abril de la patria, y la patria tuvo héroes. Sangre fecunda de los muertos y de los combatientes cabales, ante la cual cualquier homenaje es pequeño, cualquier gratitud insuficiente, cualquier admiración escasa. Paradójicamente, ha sido un inglés lúcido, Carlyle, el que dijo que “no se necesita solamente lo que solemos llamar un alma grande para ser un héroe; lo que se necesita es un alma creada a imagen y semejanza de Dios y que sea fiel a su origen”. Tuvo la nación estas almas durante los días que duró la hazaña. Ennoblece reconocerlo.
Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario. Para que el mundo entero supiera que la única reina de aquel territorio insular no estaba en Buckingham, sino en el Cielo. Quienes otrora y después, hasta este hoy de espanto y de vergüenza, no han comprendido o han traicionado esta honda significación religiosa de la lucha, merecen nuestro repudio. Tan simétricamente como merecen nuestra piedad y observancia, los que ataron escapularios a sus fusiles y desgranaron Avemarías al son de cada disparo.
El segundo enunciado que aquí queremos asentar, es el que también entonces supimos, pero que luego corroborarían los interesados con explícita grosería. Ante todo, que pudimos haber vencido, infligiéndoles a los intrusos una inolvidable paliza. Lo han reconocido, entre otros, los gringos Charles Koburger, Anthony Simpson, Bruce Schoc, y el mismísimo Secretario de Marina de Estados Unidos, John Lehman, en su Informe ante el Subcomité de Armamentos de la Cámara de Representantes de su país, el 3 de febrero de 1983. Si no vencimos, no fue por nuestra falta de agallas para la lid, como se insiste en acomplejarnos desde hace treinta años, sino por la incalificable traición a la patria consumada por el Generalato y la Partidocracia, con la anuencia y la instigación del embajador Schlaudemann. Cuando el general Llamil Reston le dijo a Galtieri que “Yalta existe”, indicándole con el funesto laconismo que era obligatorio acatar sus inicuos mandatos, hablaba por él toda una clase de jefes castrenses de oprobiosa conducta. Cuando Alfonsín, Menem, Duhalde o De la Rúa, cada uno a su turno, reconocieron que gracias a la derrota en las Malvinas fue posible la instauración de la democracia, no hacían sino coincidir deliberadamente con las gozosas declaraciones que al respecto formularían David Steel, ministro del Foreign Office, en 1985, y la mismísima Margaret Thatcher después, en 1994. El sátrapa Néstor Kirchner ha llevado hasta el paroxismo, y cumplido a rajatabla, esta endemoniada dialéctica de los traidores. Nadie como él se ha hecho cargo de esta endemoniada pedagogía de los traidores, según la cual, de la rendición brotó la democracia, y de la democracia el hundimiento definitivo de las Fuerzas Armadas. Quien jugaba ante la ordinariez de su hinchada a presentarse como adalid del antiimperialismo, no era sino su dócil peón, su manso usufructuador y turiferario.
No ha de cerrarse este homenaje con amargura, sino con esperanza. Porque si la Argentina ha de salvarse, será con hombres de la talla de aquellos que pelearon bravamente, algunos de los cuales son ahora prisioneros de guerra de este Régimen monstruoso. Con hombres como aquellos de la talla de Giachino, Estévez, Falconier o Cisneros. Hombres singulares, para quienes la existencia y la muerte no eran concebibles sino como actos de servicio por Dios y por la Patria. Hombres impares, naturalmente decididos y arrojados, caídos gloriosamente entre el hielo y los albatros. Hombres —que tal vez sin saber que repetían las viriles palabras con que Palafox rechazó la rendición de Zaragoza— levantaron su misma consigna en el vértice austral de esta patria doliente: No sé capitular, no sé rendirme, después de muerto hablaremos. Como a aquel estupendo hispano, les cabe a todos ellos —parafraseadas de Pérez Galdós— una sola y confortadora promesa: Siempre habrá entre las tumbas una lengua que grite: ¡Las Malvinas no se rinden!


30 de Marzo de 2012
DIMAS


Izado sin quererlo en este monte,

crispada como un cuero la osamenta,

la tarde es un preludio de tormenta

y una raya de sangre el horizonte.

 

Abajo, trigo o flor están en ciernes

aguardando la trilla de las eras,

pero punzado aquí entre dos maderas

todo se ha vuelto un postrimero viernes.

 

Es justo. Soy pecado,culpa,yerro,

(aunque después apócrifos autores

me adjudicaron menos sinsabores)

fui delito y mi ley ha sido el hierro.

 

En cambio tú,Señor de la inocencia,

no es falta propia la que al fin expías,

yaces como está escrito que te irías,

mueres  mi Dios,ajeno a la sentencia.

 

¿Que flaquezas señalan a tu vida

desde Belén al podio de Pilato?

¿Qué tropiezo,si obrabas el mandato,

la imagen fiel del Padre, su medida?

 

No lo saben, maldicen las respuestas

de tu palabra invicta,del milagro,

ni el que te acerca un poco de avinagro,

ni los judíos y el siniestro Gestas.

 

Si tuviera esta mano desclavada

-esta mano Señor, que sembró el daño-

llegaría hasta el mismo travesaño

de la cruz, a besarte la mirada.

 

Esa que me dedicas y diviso

entre el llanto y la carne entumecida,

mientras tu voz retumba,estremecida:

"Hoy entrarás conmigo al Paraíso".

 

 

ANTONIO CAPONNETTO





8 de Marzo de 2012
EDITORIAL
REVISTA CABILDO N°94
Mes de Marzo 2012-3era-Época
Antonio CAPONNETTO
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La Fregona de Buckingham



No sabemos a ciencia cierta si las actuales controversias sobre Malvinas responden al calculado montaje político del Gobierno para desviar la atención de una ciudadanía cada vez más castigada por los desaciertos cometidos, principalmente en los ámbitos de la seguridad pública y del bienestar económico. Sabemos sí, que no gobiernan políticos que delinquen, sino delincuentes dedicados a la política. Crápulas dispuestos a las peores acciones con tal de conservar e incrementar el poder. En tal sentido, nada podría sorprendernos que se manipulara una gran causa nacional con fines facciosos. Específicamente, que el kirchnerismo quisiera fraguar un 2 de abril democrático y pacifista, para eclipsar toda memoria del originario,cuyo perfil bélico y épico le repugna, según declara la presidenta, con insistente y apatrida frecuencia.
Sean cuales fueren las motivaciones reales u oscuras de esta trama, algunas aclaraciones se imponen, y no debemos callarlas.
Por lo pronto, que la versión oficial del 2 de abril de 1982 —cuya principal exponente es la misma Cristina Fernández de Kirchner— es una mentira escandalosa, funcional en todas sus partes a los intereses británicos. Si nuestra guerra justa no fue tal sino una prolongación del supuesto genocidio castrense, si no debe llamarse al hecho gloriosa reconquista sino invasión bajo los efectos de una borrachera, si el gesto recuperador careció de todo apoyo popular y sólo mediante el engaño de los medios se logró la masiva adhesión social, si nuestra patria es tan poca cosa como para confundir la realidad de su soberanía con la ficción mediática, si nuestro honor recuperado con sangre sólo fue un espejismo de las corporaciones periodísticas, si el único saldo de la honrosa contienda fueron más de cuatrocientos suicidios y una larga tanda de locos para los cuales el Estado dispone la creación de un hospital de salud mental, y si gracias a la rendición del 14 de junio tenemos plenitud democrática, no se necesita de Inglaterra para hundirnos en el oprobio. El enemigo ya tiene aquí su fregona y su fámula. Ya tiene quien le elabore la pieza del relato nativo que se acople exactamente al discurso de la Corona. Sirvienta tan dócil y atenta que aprendió a incorporar modismos ingleses a su verba tilinga, cada vez más reñida con la sintaxis y concorde con la histeria.
Cabe decir,en segundo lugar, que esta argumentación funcional al aparato británico, desplegada públicamente el pasado 7 de febrero desde la Casa de Gobierno, en el acto de firma del Decreto de Desclasificación del Informe Rattenbach, se completa con un razonamiento vil, cuya nocividad ya quedó probada en la historia argentina. Según el mismo, una guerra librada contra el extranjero ba¬jo una dictadura, carece de legitimidad y de justicia. Sin la soberanía popular y la democracia —dice textualmente Cristina— no puede haber ningún otro gesto de soberanía. Amparados en esta turbia ficción liberal, los unitarios cometieron la felonía de desacreditar las contiendas internacionales de Rosas, y la traición de aliarse activamente con la extranjería. Para aquellos descastados ideólogos iluministas, como para la presidenta, "ningún acto de la dictadura podía ser revalorizado ni relegitimado".
Agravia, pues la lógica y la recta inteligencia del pasado nacional, que la viuda de"Kirchner se haya permitido citar en abono de su postura a los reconquistadores de 1806 y 1807, al gaucho Antonio Rivero y al mismísimo Don Juan Manuel de Rosas. Ninguno de estos tres protagonismos soberanos sucedió bajo regímenes democráticos. Como tampoco tenían el amparo de la impostura rousseauniana ninguno de los grandes caudillos que libraron nuestras batallas decisivas por la soberanía política. La posición del gobierno no es ideológicamente solidaria con ninguno de estos actos heroicos del pasado. Su antecedente luctuoso hay que buscarlo en la traición del partido unitario. Cristina más la partidocracia —con sus obras tanto como con sus ideas— cumplieron en 1982, y cumplen ahora, el mismo y trágico y siniestro papel que .cumplieron "los auxiliares", como eufemísticamente llamaba el Imperialismo a los traidores locales, cuando quiso llevarse por delante a la Confederación Argentina.
Lo tercero por decir es que el General Benjamín Rattenbach, tenido ahora por "orgullo de los argentinos y un verdadero hijo del ejército sanmartiniano", según cristínicas palabras, fue el prototipo del milico liberal y masón, la encarnación de la línea Mayo-Caseros, y un protagonico cuadro antiperonista desde antes de 1955 y en adelante, lo que se supone que debería inhibir a la presidenta de prodigarle tamaño elogio. Quedará para el repertorio de incompetencias de esta mujer obtusa, ignorante y pretenciosa, la ridicula incoherencia —propia de un peronista— de haber ponderado a quien en 1963 firmó el Decreto 2712 que proscribió al justicialismo, a quien en el 5 de noviembre de 1975 pidió la renuncia presidencial de Isabel Martínez, "primero por su sexo, segundo por su sistema nervioso delicado, y tercero, por su limitada capacidad para desempeñarse con eficiencia en dicho cargo en momentos tan difíciles". ¿Adonde queda la sacra "perspectiva del género"? Pero hay algo mucho más grave aún.
Ya en el año 1966, desde las páginas de "Combate" (Buenos Aires, n- 137, pág. 3), Jordán Bruno Genta protestaba la peligrosidad ideológica de Rattenbach, con ocasión de la salida de su obra "El sector militar de la sociedad" (Buenos Aires, Cír¬culo Militar, 1955, 156 págs.). Libro imbuido del positivismo más craso y de materialismo alberdia-no, de haberse guiado por sus enseñanzas —según las cuales, actos castrenses como matar y morir están reñidos con la ética— nuestros hombres de armas no deberían siquiera haberse planteado la licitud de la reconquista militar del territorio malvinero. Ni de ninguna batalla por la soberanía.
Con anterioridad había publicado otro libelo, "Sociología Militar" (Buenos Aires, Librería Perlado, 1958, 158 págs.), en el que propone la superación del nacionalismo, que "hoy suele ser rotulado de fascismo y de nazismo", sustituyéndolo por un "sentimiento supranacional", en nombre del cual, "sí el propio pueblo lo admite", deberá "admitir el comando de jefes de otras naciones, lucha en lejanos continentes, defender objetivos aparentemente extraños a los intereses del propio país [...] La Sociología Militar tendrá que evolucionar en el mismo sentido, teniendo en cuenta estas modernas concepciones internacionales" (págs. 140-141).
Este es el caballero sanmartiniano tomado como emblema de malvinización por el kirchnerismo: alguien para quien se inventó el despreciativo neologismo de gorila, y que con mayor precisión terminológica podríamos llamar simplemente un cipayo.
En cuanto al Informe que lleva su nombre —y que hoy se reflota, bajo la triple necedad de creerlo una novedad, de convocar al hijo del autor para que integre la Comisión Desclasificatoria, y de entregárselo en bandeja al enemigo para que compruebe nuestra presunta ineptitud militar y el merecido castigo del 14 de junio— también supimos expedirnos oportunamante. En el N- 71, de la segunda época de "Cabildo", del 9 de diciembre de 1983, páginas 9 y 10, nuestro inolvidable Eduardo Ordóñez decía lo siguiente:
"Este Informe recorta la realidad, minimiza los objetivos, cuestiona las intenciones y enloda a todos". Se trata de "un alegato contra la empresa misma de recuperación de las Malvinas, una velatía condena de la guerra, un verdadero escrito acusatorio [...] Es el triunfo de la clase política que nunca se solidarizó con la causa de las Malvinas [...], y aún hace algo peor: confunde la legitimidad de la guerra con su conducción, y la inspiración histórica con la intencionalidad del momento'[...] Toda esa hermosa página [de heroísmo, de dignidad, de efervescencia nacionalista, de sentido religioso de la existencia] que se escribió entonces [durante la guerra], se la ensucia ahora, se la oculta o se la disimula, se pretende que se la olvide".
Pero esto, lo reiteramos subrayándolo, es exactamente lo que necesita Inglaterra. Lo que necesita, exige y reclama. Una agente del Imperio que, treinta años después de la honrosísima Gesta de Abril, declame combatir por las Malvinas, con el Informe Rattenbach, con la mentalidad de los unitarios, con citas de John Lennon, con los militares del Cernida, con el ejemplo de un General repugnantemente liberal, con un hebreo errante de canciller, con jóvenes camporistas dispuestos a morir en acto de servicio a Onán, con obispos como Arancedo que la felicitan por la sensatez y la moderación.
Esto es, en efecto, lo que el usurpador necesita. Una mujeruca que confiese expresamente como un orgullo, no haber ido "a la plaza de su pueblo, en Río Gallegos, el 2 de mayo [sic], cuando sí fueron muchos habitantes de mi ciudad". Que mientras el adversario despliega su potencia insolente, declare que "no nos atraen los juegos de las armas ni las guerras" (excepto los de los guerrilleros marxistas que ahora la secundan en el poder), que abomine de "los uniformes y de los trofeos de guerra", que ordene retirar el cuadro del Capitán Giachino por represor, que mantenga ignominiosamente en cautiverio a muchos héroes de la epopeya del Atlántico Sur, que no condene incondicionalmente la tesis de la autodeterminación de los kelpers, y que permita los pingües negociados de la piratería financiera, actuando siempre impunemente a lo largo y a lo ancho de la geografía patria, asociándose incluso a sus turbias ganancias.
Una fregona de Buckingham. Eso precisa Londres. Eso es Elisabet Wilhélm.
La Argentina, entretanto, y lo decimos quienes desde hace treinta años denunciamos el inicuo plan de desmalvinización que empezara con el mismo Proceso, necesita que cada día de su calendario sea un perpetuo y luminoso 2 de abril, y cada rincón de su espacio un inexpugnable y amurallado Puerto Argentino. •


5 de Marzo de 2012
PARA RECORDAR NOTAS DE UNA REVISTA ARGENTINA



Publicado en Revista Cabildo N° 63
Mes de Marzo de 2007-3era.Época
Editorial
MALVINAS: 25 ANOS

Próximos a cumplirse los primeros veinticinco años de la Reconquista de Malvinas, parece propicia la ocasión para asentar algunos enunciados.
Sirva el inicial de plena ratificación a lo que desde siempre venimos afirmando; a saber, que fue aquella una guerra justísima, cuyos resultados temporariamente adversos no anulan ni opacan la recta decisión de librarla y el honor de quienes supieron protagonizarla con gallardía. Sigan pensando pacifistas, ignorantes y descastados de todo jaez, en las hipótesis mezquinas que habrían motivado la contienda, sosteniendo entonces —contestes con su miopía— que la rendición fue el escarmiento y el fracaso que nos merecíamos. Para nosotros, el 2 de abril sigue siendo la fiesta de la dignidad nacional, y el 14 de junio la cifra de todas las claudicaciones que aún perduran, aborreciblemente potenciadas.
De sobra sabemos que la Argentina de 1982 era una época sombría y decadente, bien que por motivos antagónicos a los que hoy esgrime la historia oficial, subsidiada y ficticia. Como de sobra sabemos que hubo quienes condujeron las operaciones o se condujeron a sí mismos, asidos al pellejo, sopesando cálculos antes que palpitos, midiendo las armas por sobre el coraje, diagramando estrategias diplomáticas cuando debían soñar asaltos a campo traviesa. Sólo cabía el triunfo, que sigue siendo tal —o empieza por ser tal— si se triunfa sobre el afán de conservar la vida, y el corazón se alista en la brigada de los mártires; en ese último pelotón spengleriano, dueño de todos los arrojos y de la osadía de donarse sin reservas. Pero llegó la batalla legítima en el abril de la patria, y la patria tuvo héroes. Sangre fecunda de los muertos y de los combatientes cabales, ante la cual cualquier homenaje es pequeño, cualquier gratitud insuficiente, cualquier admiración escasa. Paradójicamente, ha sido un inglés lúcido, Carlyle, el que dijo que "no se necesita solamente lo que solemos llamar un alma grande para ser un héroe; lo que se necesita es un alma creada a imagen y semejanza de Dios y que sea fiel a su origen". Tuvo la nación estas almas durante los días que duró la hazaña. Ennoblece reconocerlo. Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario. Para que el mundo entero supiera que la única reina de aquel territorio insular no estaba en Buckingham, sino en el Cielo. Quienes otrora y después, hasta este hoy de espanto y de vergüenza, no han comprendido o han traicionado esta honda significación religiosa de la lucha, merecen nuestro repudio. Tan simétricamente como merecen nuestra piedad y observancia, los que ataron escapularios a sus fusiles y desgranaron Avemarias al son de cada disparo.
El segundo enunciado que aquí queremos asentar, es el que también entonces supimos, pero que luego corroborarían los interesados con explícita grosería. Ante todo, que pudi¬mos haber vencido, infligiéndoles a los intrusos una inolvida¬ble paliza. Lo han reconocido, entre otros, los gringos Charles Koburger, Anthony Simpson, Bruce Schoc, y el mismísimo Secretario de Marina de Estados Unidos, John Lehman, en su Informe ante el Subcomité de Armamentos de la Cámara de Representantes de su país, el 3 de febrero de 1983. Si no vencimos, no fue por nuestra falta de agallas para la lid, como se insiste en acomplejarnos desde hace veinticinco años, sino por la incalificable traición a la patria consumada por el Generalato y la Partidocracia, con la anuencia y la instigación del embajador Schlaudeman. Cuando el general Llamil Reston le dijo a Galtieri que "Yalta existe", indicándole con el funesto laconismo que era obligatorio acatar sus inicuos mandatos, hablaba por él toda una clase de jefes castrenses de oprobiosa conducta. Cuando Alfonsín, Menem, Duhalde o De la Rúa, cada uno a su turno, reconocieron que gracias a la derrota en las Malvinas fue posible la instauración de la democracia, no hacían sino coincidir deliberadamente con las gozosas declaraciones que al respecto formularían David Steel, ministro del Foreign Office, en 1985, y la mismísima Margaret Thatcher después, en 1994. El actual sátrapa Néstor Kirchner ha llevado hasta el paroxismo, y cumplido a rajatablas, esta endemoniada dialéctica de los traidores. Nadie como él se ha hecho cargo de esta endemoniada pedagogía de los traidores, según la cual, de la rendición brotó la democracia, y de la democracia el hundimiento definitivo de las Fuerzas Armadas. Quien juega ante la ordinariez de su hinchada a presentarse como adalid del antiimperialismo, no es sino su dócil peón, su manso usufructuador y turiferario.
No ha de cerrarse este homenaje con amargura, sino con esperanza. Porque si la Argentina ha de salvarse, será con hombres de la talla de aquellos que pelearon bravamente, algunos de los cuales son ahora prisioneros de guerra de este Régimen monstruoso. Con hombres como aquellos de la talla de Giachino, Estévez, Falconier o Cisneros. Hombres singulares, para quienes la existencia y la muerte no eran concebibles sino como actos de servicio por Dios y por la Patria. Hombres impares, naturalmente decididos y arrojados, caídos gloriosamente entre el hielo y los albatros. Hombres —que tal vez sin saber que repetían las viriles palabras con que Palafox rechazó la rendición de Zaragoza— levantaron su misma consigna en el vértice austral de esta patria doliente: No sé capitular, no sé rendirme, después de muerto hablaremos. Como a aquel estupendo hispano, les cabe a todos ellos —parafraseadas de Pérez Caldos— una sola y confortadora promesa: Siempre habrá entre las tumbas una lengua que grite: ¡Las Malvinas no se rinden! •
Antonio Caponnetto



27 de Febrero de 2012
Recordando artículos de una Revista celosamente argentina


Publicado en Revista Cabildo N°62
Mes de Febrero de 2007-3era.Época
Editorial
De la amenaza corno forma de gobierno

Si algo debía suceder para que de un modo indubitable se supiera que gobierna una cuadrilla de inescrupulosos farsantes, al cierre del 2006 estalló el caso Gerez, grotesco compendio de montajes oficialmente tramados. Ninguna ruindad quedó fuera del simulacro, al que procuran hoy, vanamente, poner encubrimiento y sordina. Hasta el despropósito de presentar un Kirchner que, al solo conjuro de su seseo disléxico, doblega a las fuerzas poderosas de la ultraderecha y a las desocupadas manos represoras. Bien, dice Gómez Dávila entre sus punzantes "Escolios", que "la prensa de Izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican". La severa realidad es que aún sureño y bizco —como el espía maldito de Sarumán de la saga tolkieniana— el Néstor no puede controlar siquiera los propios desaguisados que produce en mancomunión con sus esbirros. Pero la. módica y risible odisea del secuestrado alarife es , apenas un síntoma más —bien que gravísimo— del abanico de mentiras con que la mafia gubernamental está dispuesta a consolidarse en el poder. Mentiras que, si las circunstancias lo imponen, sus fautores no trepidan en organizar, aún a costa de desapariciones, muertes o derramamientos de sangre.
En rigor, toda la impostura oficial y vertebral de los derechos humanos —de la que el caso Gerez ha sido como una pústula bochornosa— sólo puede sostenerse porque la multiplicidad de ficciones que la alimentan configuran la táctica de un Estado que, democracia mediante, como querían Marx y Engels, han tomado por asalto los criminales de guerra del terrorismo rojo.
Como de ser breves se trata, a dos reduciremos el catálogo de las indignantes patrañas. La una es jurídica y consiste en categorizar como crímenes de lesa humanidad a las batallas de las tropas regulares contra la guerrilla marxista, sustentada en el aparato homicida de varios poderes estatales extranjeros. Hasta un sirviente dócil de esta estrategia, como Moreno Ocampo, ha tenido que reconocer que a la luz del derecho positivo internacional vigente "los crímenes cometidos por la guerrilla deben ser considerados delitos de lesa humanidad" (cfr. "La Nación", 8 de enero de 2007). La tardía confesión del siniestro oráculo debería girar el rumbo de las acciones. Nadie lo espere. Seguirán buscando culpables exclusivamente entre las Fuerzas Armadas.
La segunda tergiversación, y complemento necesario de la primera, es la vergonzosa tercedura de los hechos históricos acaecidos en las últimas cuatro décadas, centrada en un maniqueismo irracional por el que los crápulas se tornan impolutos y sus contendientes, genocidas. Vocera y cómplice interesada de esta horrenda manipulación del pasado, la primera ciudadana envasada al vacío ha declarado en Francia, el reciente seis de febrero, que la represión a sus montoneriles y erpianos compañeros es el equivalente a un segundo holocausto. Desmadre verbal que salió a desautorizar el mismísimo presidente de la AMIA, el payo Grynwald, según consta en "La Nación" dos días después del desguace cristínico en París.
No hay que engañarse al respecto. Todos estos desafueros oficiales —gritos, crispaciones, puñetazos, bravatas, engañifas, ficciones, retos y estupideces sin par— no son sólo el fruto de almas mínimas y caletres podridos. Son, una metodología de gobierno, un sistema de intimidación y amedrentamiento, un ensayo de terror psicológico y físico para garantizar la lenidad de sus actos y perseguir a quienes se le oponen. Son, en síntesis, una conjunción del embuste con el crimen, de la mordaza política con el vulgar apriete de los camorristas. Son la consumación de la amenaza como forma de gobierno.
De allí que sorprenda y duela la confusión de los buenos. Que es más extensa y honda de lo que quisiéramos. De aquellos que imaginan algún modo posible de pacificación, de diálogo, de entente o de concordia tendiendo generosas manos a estos hijos del homicida desde el principio. A los criminales sin arrepentimientos y sin enmiendas, lo justo no es ofrecerles o pedirles el perdón. Lo justo es castigarlos. EL perdón implica la contrición del ofensor. Al siervo perverso, el rey de la parábola conocida como "El deudor sin entrañas", le dijo: "Yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste" (San Mateo, 18, 21-35). Ni Dios mismo perdona al que no se arrepiente. Por eso ha señalado Santo Tomás en la "Catena Áurea": "Quiere enseñarnos Dios que seamos fáciles en perdonar a los que nos han hecho algún daño, especialmente si nos dan satisfacciones y nos suplican que los perdonemos". La encomiable disposición a la indulgencia tiene como límite el deber de que la maldad no quede impune y arrogante. De allí lo de San Agustín, explicando precisamente la prescripción evangélica de perdonar "setenio veces siete": "cuando sea necesario, apliquemos la disciplina, no sea que abandonándola crezca la malicia y comencemos a ser acusados por Dios" (Sermones sobre los Evangelios Sinópticos, 83, .
No es un Pacto de la Moncloa lo que salvará a la nación. Es un pacto de honor con la memoria de aquellos que cayeron por Dios y por la Patria. Lleve los años que llevare la consumación de la justicia, que una nación no son cinco o seis décadas sino el sufragio universal dé los siglos, como decía Vázquez de Mella. Queriendo rubricar este pacto exigimos desde aquí, juicio y castigo a los criminales marxistas, impunes hoy en el llano o medrando en el poder. Sólo entonces se cumplirá el mandato pendiente e irrefragable del plebiscito de los mártires. •
Antonio Caponnetto


20 de Febrero de 2012

El motivo de colocar numeros anteriores de la Revista Cabildo, en  espacios de elquijote2010, obedece a que hacen mas de 40 años comparto los principios del Nacionalismo Católico, fundamentando mi participación en que desde ahí se sostienen los únicos dogmas admisibles para todo accionar político. Cuando aquella doctrina social que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana lo promulgara siguiendo su creador, el Cristo Rey de Reyes, fijaba el camino para el hombre sobre la tierra. Decía el maestro y martir Jordan B. Genta "RECORDAR ES UN DEBER, OLVIDAR ES UNA CULPA..." lo que presumo cumplir desde aquí. De ser posible cada semana renovaré el número con su correspondiente imagen de tapa y Editorial. Sugiero la lectura de estos artículos, que para muchos a su emisión han sido de significativo provecho.   



Publicado en Revista Cabildo N°61
Mes de Diciembre de 2006-3era.-Época
Edítorial
El amo de Kirchner

Sacado literalmente de la calle —donde impunemente delinquía junto con sus muchos pares— el piquetero Luis D'Elía fue convertido en funcionario por Kirchner, otorgándosele entonces una real patente de corso para sus múltiples barrabasadas y desafueros. Con tan ilícita cuan previsible anuencia oficial, no dejó ley por quebrantar, ni desvergüenza por exhibir, ni aberración por encarnar, ni amenazas por prorrumpir con su disfonía de carrero trasudante. Todo se lo permitió el Régimen, complaciente y gentil. Hasta que un día se le ocurrió tener un intervalo de lucidez y protestar contra la alianza yankee-sionista dejando en evidencia la indigna obsecuencia que ata al Gobierno con ella. Al pedido tácito pero severo del amo extranjero, rodó entonces su cabeza, o aquello que sobre sus hombros hace las veces de tal. Una vez más poníase en evidencia los límites infranqueables de la supuesta guapeza del oficialismo y de todos sus revolucionarios de cotillón: Israel manda e impone sus reglas. Sólo queda acatar del modo más presto y solícito.
Como era natural, los bienpensantes políticamente correctos aplaudieron el desalojo de D'Elía, y hasta hilvanaron algunas loas a la recuperada sensatez del Gobierno, que al fin, decían, daba siquiera una prueba de su mesura. La mesura, claro, consistía en alinearse una vez más a los requerimientos del Nuevo Orden Mundial. Cínico e inmoral, esto es, en estado puro, el mismo Kirchner le explicaba a Chávez y a las izquierdas caseras que, en vistas a las próximas elecciones, se había decidido acentuar con los poderosos las relaciones comerciales antes que las políticas, presentándose funcionales y potables a los demócratas de los Estados Unidos. Se ha llegado a hablar incluso de la derechización del Presidente, elogiando unos el presunto giro, musitando quejas y prevenciones otros, omitiendo todos espetarle de frente el duro y veraz mote de lacayo oportunista. La verdad es que desde ambas orillas del espectro ideológico —que en rigor es una sola, bifurcada y convergente al final—la confusión campea y siembra su espanto.
Espantoso es que D'Elía crea tener autoridad moral e intelectual para denunciar al sionismo, cuando él y todos los cuadros depredadores del marxismo no sólo reconocen sus raices doctrinales y sus liderazgos en célebres hebreos —sosteniendo, entre otras, la fábula rectora de los seis millones— sino que se nutren del mito y del negocio central judío, cual es el del ataque al "nazismo", concebido como un demonio polisémico y omniabarcador que todo lo explica. Así es que el Bush del piquetero será un "nazi", y Nueva York la capital del "fachismo". Mayor tributo a la semántica sionista no puede pagarse.
Espantoso es asimismo que el desplazado funcionario venga a descubrir ahora la presencia de uno o varios cavallistas en la gestión oficial, exculpando a quien allí los ha colocado, los mantiene y los manda, y vociferando incluso que al tal mandante sigue dispuesto a "defender a los tiros y en la calle". ¿Nunca avizoró D'Elía las tapas de un manual de lógica? ¿Nunca durante sus abundantes tropelías oyó mentar la palabra coherencia? ¿Nunca previo que entre sus oyentes, además de la recua que lo secunda, aún queden seres racionales? ¿Nunca creyó ético —y con él su aborrecible y roja parentela política— negarse a colaborar con un gobierno explícitamente cómplice de Wall Street? La respuesta es de una trágica simpleza, y bueno sería que la entendieran incluso aquellos que se creen sutiles hermeneutas. Existe el Imperialismo Internacional del Dinero, que denunciara Pío XI. A él han servido históricamente y siguen sirviendo por igual liberales y marxistas; de él se alimentan, hacia él vuelven la reverencia, doblan las rodillas, bajan los lomos. De modo que la genuflexión de Kirchner hacia el yankee-sionismo no prueba que se haya derechizado, ni que no sea el montonerito retardado que padecemos. Prueba por enésima vez lo que ya sabemos; esto es, que todas las revoluciones comunistas han estado financiadas por el oro capitalista, que una y la misma es la perversión, bien que con rostro bifronte, dúplice, bustrofédico. No es necesario remontarse al Octubre de 1917, ni a La •Habana de 1959. Por si faltaba un símbolo reciente y rotundo de este aserto, hace días nomás, el país entero vio los lingotes relucientes de Licio Gelli y de la Propaganda Due, sobre la mano criminal de Estela Carlotto.
Quede una reflexión conclusiva. Izquierdas o derechas —se las interprete como se quiera, y se comparta o no nuestra denunciada concurrencia— son todavía categorías políticas, vale decir humanas. Es mucho categorizar para referirse al actual gobierno. Quienes lo integran no parecen admitir explicaciones desde la política sino desde el submundo crepuscular de los bacilos, los virus o las miasmas.
Para recuperar la salud de la patria valgan los antídotos ya probados de la Verdad, el Bien y la Belleza. Valga la medicina heroica de amputar del cuerpo la porción gangrenada. Valga la organización y la lucha, la presencia bien plantada de los nuestros allí donde a la infección haya que ponerle cura. Valga la resolución de no ser sirvientes de Israel sino vasallos de Cristo. Nos auxilie en la demanda Nuestra Señora de los Remedios. Remedio de las fatigas, de los dolores, de las desesperanzas y las cruces. •
Antonio Caponnetto



13 de Febrero de 2012

CONSIDERO UNA OBLIGACION, AUNQUE NO SUFICIENTE PARA OPONERNOS A LA PESADA CARGA CON QUE HOY SE VE EMBESTIDA LA NACION ESTA REPRODUCCION EN MI MODESTO QUIJOTE DE NUMEROS ANTERIORES DE LA REVISTA CABILDO, PERO ES UNA SATISFACCION HACER RECORDAR O CONOCER CUALQUIERA DE LOS TEMAS QUE OPORTUNAMENTE HAN SIDO TRATADOS. ES TAMBIEN ALARMANTE LA MANERA EN QUE PUDIMOS HABER EVITADO TANTOS DAÑOS RECIBIDOS CON LA SIMPLE APLICACION DEL SENTIDO COMUN. RECUPERAR NUESTRA PATRIA ES OBLIGACION DE TODO ARGENTINO. PROPONGAMOSNO A HACERLO.

EDITORIAL



Publicado por Revista Cabildo N°60
Mes de Noviembre de 2006
Editorial
Antes del fin

Los episodios menores de la picaresca nativa han completado el retrato de la insignificancia y de la vacuidad presidencial. Ocurrió el primero en San Vicente, con ocasión del traslado de unos restos mortales. Bastó el disparo furtivo de un palurdo y un par de cachiporrazos sindicalistas, para que quien se jacta de no tener miedo tras sucesivos atriles y ante obsecuentes auditorios, se ausentara con pavura del agitado escenario. Era la ocasión para que el temerario bravucón de tanto discursete maula pusiera a prueba su conjetural veteranía en pugilatos, guerrillas y entreveros, dominándolos con su sola presencia. Nada de eso ocurrió. Nuestro capitán pareció encarnar y merecer la copla anónima que se le espetó al Virrey, allá por 1806. "¿Ves aquel bulto lejano que se esconde atrás del monte? Es la carroza del miedo donde viaja Sobremonte". Envuelto en fernández y en soponcios, cual bulto lejano, terminó aquella jornada, que no fue ciertamente su alegropeya de centauros bruñidos.
El segundo episodio es su derrota electoral en pagos misioneros, a manos de una entente siniestra cuya cabeza visible hubiese recibido garrucha en tiempos del Santo Oficio, o al menos admonitor coscorrón hoy, si la ortodoxia doctrinal fuera motivo de desvelo para nuestra Jerarquía. Pero se suponía que la apiñada victoria sufragista no enmudecería al lenguaraz de oficio, castigando a sus adversarios con nuevas y renovadas manifestaciones de picotería colérica y palabreo obsceno. En cambio, sobrevino la mordaza y el mutismo súbito, el insonoro y áfono lenguaje que acompaña a los aterrados y cobardes. Secundado en el boca chiusa por el coro de sus proxenetas, perdió las elecciones, que para alguien de su talla es peor acaso que perder el alma.
¿Será el principio del fin para el campanillero de Wall Street? ¿Prefiguran estos fracasos la evidencia de que gobiernan los malandras, rigen los inmorales, conducen los apatridas, mandan los homicidas, administran los depravados, juzgan los sodomitas, legislan los brutos y ejecutan los ladrones? ¿Anuncian tamaños descalabros el grito unánime de que el rey está desnudo, si se nos permite la monárquica metáfora? ¿Se proclamará al fin que se trata de un reyezuelo bastardo, de corona fundida por los plutócratas a los que sirve, capa estercolada con sus propias heces, y báculo sangriento por los terroristas que representa?
No lo sabemos, ni hay motivos meramente humanos para abrigar esperanzas al respecto. Es la nuestra una sociedad gravemente enferma, aún en aquellos sectores que creen gozar de salud, ubicados a la derecha, y mientras se enseñoree políticamente sobre ella el maldito liberalismo con sus dogmas mendaces y sus intercambiables personeros democráticos, ninguna solución será posible.
Mas como tomando nota de una caída prevista, posible y temida, dos esbirros del sistema, que para abreviar llamaremos Edgardo Depetri y Rafael Bielsa, han denunciado una "-campaña de desestabilización contra el Gobierno de Néstor Kirchner", proponiendo discriminaciones, censuras y represiones —esto es la summa de los males supuestamente desterrados— para quienes serían los responsables de tan fiera iniciativa. Una vez más, la culpa no es intrínseca a quienes causan el mal disponiendo para ello de la totalidad del poder, sino extrínseca, y obedecería a una suerte de conjura, que en la versión postmoderna obraría ya no desde marciales cuarteles sino desde "diversos dominios de internet" (cfr. Trámite Parlamentario N° 120, Expediente 4913-D-2006, 30/08/2006).
Sorprende una entre las muchas naderías de este escrito. Y es la que afirma que, en lo sucesivo, deberá tenerse por amenazante desestabilizador a quien sostenga que los actuales gobernantes "son los terroristas de ayer en el gobierno de hoy". Sorprende, decirnos, porque la prohibida afirmación no deja día de ser corroborada explícita e impunemente, ya no por los antecedentes patibularios y criminales de Ios funcionarios, sino por el mismo Presidente, que se encarga de decir que con él y en él volvieron los montoneros, de la Plaza de Mayo a la Casa Rosada. Salvo que la dupla denunciante quiera hacernos creer ahora que tras aquel apelativo funcionó en los años setenta alguna sociedad filantrópica o hermandad de la caridad.
Pero hacemos votos para que no se nos incluya en la nómina de desestabilizadores. Porque nosotros no sostenemos que gobiernan los terroristas de ayer, sino los malditos criminales de guerra de ayer y de hoy. De la guerra revolucionaria marxista a la que sirvieron y sirven aviesamente contra Dios y contra la Patria.
No seguirás a la mayoría en el mal, dice la Sagrada Escritura (Éxodo, 23, 2). Y procuramos hacerle caso. Por eso nos tienen sin cuidado las candidaturas, las encuestas, las bocas de urna o las reelecciones.
En nuestro afán está lo que no tiene cabida en sus estrechas miras. Algo demasiado grande para que pueda ser contemplado por los estrábicos, los miopes, los pérfidos y los alucinados. Se llama, sonoramente, La Argentina. •
Antonio Caponnetto



6 DE FEBRERO DE 2012: RELEYENDO NÚMEROS ANTERIORES DE "CABILDO",  COMPRUEBO A DIARIO LO QUE TRANSFORMÓ LAMENTABLEMENTE NUESTRA PATRIA, E INVITO A ENTERARSE CON ELLO DE LA DIABÓLICA TAREA DE QUE HEMOS SIDO "UN OBJETIVO PREDILECTO". SUGIRIENDO A LA VEZ PERMANENTEMENTE A ELEVAR NUESTRAS ORACIONES LUCHANDO POR LA RESTAURACIÓN DE LOS AUTÉNTICOS VALORES NACIONALES.


Publicado en Revista Cabildo N°59
Mes de Octubre de 2006-3era.Época
EDITORIAL
Más confuso, imposible

Una gravísima confusión campea hoy en nuestra ya anarquizada atmósfera política. La Iglesia ha quedado tensamente enfrentada con el Gobierno, pero ni los motivos son los que corresponderían, ni los contendientes los más aptos para la lid.
Debieran los pastores ser custodios lúcidos y valientes de la ortodoxia y de la recta doctrina, y en carácter de tales, llamar a la resistencia activa contra un tirano impío que no ha dejado sacrilegio por cohonestar, blasfemia por consentir, pecado por legalizar y apostasía por promover. Debieran, asimismo, excomulgar solemnemente al déspota por su participación activa en atroces infanticidios, cometidos en el marco general de una política enteramente contraria a la ley de Dios. Y debieran al fin —por ceñir en algún punto un enunciado llamado a ser interminable— condenar taxativamente la conducta pública de quien ha hecho de su gobierno el ejercicio ostensible de la usura, de la mentira, de la contranatura y del partisanismo marxista. Kirchner es un enemigo crapuloso de Cristo, de la Fe Católica y de la Patria, y por tales motivos cabría a los Obispos oponérsele con la mayor firmeza y gallardía.
En lugar de esta legítima y pendiente reacción, se les ha dado a los pastores por constituirse en garantes de la alternancia electoral, del equilibrio democrático y de la pureza institucional del Régimen, denunciando el único mal que conciben en sus heterodoxas testas: el de la democracia supuestamente amenazada por el hegemonismo oficial. Y en defensa de tan sacro bien, bajan al ruedo mismo de la praxis sufragista, llevando como líder a un conocido heresiarca jesuíta, asentado en la diócesis misionera. ¡Detened este atentado de lesa soberanía popular!, parece decimos Piña, mientras Nuestro Señor es destronado y él mismo contribuye al vejamen homologando los (filses falsos con la Santísima Trinidad. Lo más parecido a la verdad que ha salido en esta reyerta, de boca de los Obispos, es la afirmación de que el presidente alienta las discordias y los enfrentamientos. Pero no se quiere aclarar que se trata de la estrategia marxista de la revolución permanente, del odio como motor de la lucha de clases, y por lo tanto, de una perversión intrínseca de raíz teológica pasible de ser anatematizada.
Buscando un ataque a quienes juzga sus competidores en el duelo por el poder terreno, y que no son sino sus aliados de militancia progresista, el Gobierno no encuentra mejor recurso que un argumento ad hominem montado en la mentira basal de los tiempos que corren. Los Obispos, dice Kirchner, no tendrían autoridad moral para hablar ni para asomar el hocico, porque habrían callado frente a los desaparecidos. Una vez más la impostura derechohumanista se convierte en el eje monopólico y excluyente de todo debate, y el haber estado a favor o en contra del Proceso en la única línea divisoria para que los elegidos vayan al cielo y los reprobos al infierno. No habrá más juicio final en esta tenebrosa perspectiva ideológica que el que examine tal conducta. A partir de su mórbido dictamen, los glorificadores de los terroristas ganarán la bienaventuranza eterna; los que desenmascaren el fraude ya pueden ir rechinando sus dientes entre ayes.
Pero no serían estos obispos, que canonizan y exaltan a la clerecía comunista, los que habrían de poner en evidencia el burdo sofisma. Por el contrario, aceptándolo como lícito y demarcador de dignidades, optaron por poner en duda "el curriculum de sufrimientos" de Kirchner para mencionar a los héroes rojos de los setenta. Certeza clara, si cabe, pero que no deja de ser otro argumento ad hominem del mismo y falaz cuño. Cuando la riña entre la progresía gubernamental y eclesiástica se puso tensa, el Cardenal Primado, recordando que ya no debe haber católicos con hipótesis de conflicto, decidió bajar el tono, y hasta soltarle la mano a su vocero que había osado barbotear un tenue gemido contra el matón.
"En cualquier nación" —leemos en los Hechos de los Apóstoles (10, 35)— el que le teme a Dios y practica la justicia, le es grato". Y a este texto solían acudir los Padres para explicar que también se ha de llamar Iglesia a la voluntad salvadora del mismo Dios, respecto de los hombres y de los pueblos que le son fieles. Éste es el drama hondo de la confusión que retratamos: que ni en unos ni en otros vemos el firme propósito de temer al Señor y de practicar la justicia. Frente a un Estado inicuo y a unos pastores sin rumbo, pidamos al menos la gracia de ser testigos claros. Porque alguien tiene que decir la Verdad. •
Antonio Caponnetto




31 de Enero de 2012
ACLARACIONES SOBRE
Cabildo
A propósito de una entrevista
Por Antonio Caponnetto


El domingo 29 de enero, en la sección Enfoques del diario La Nación (p.1-3), se publicó una larga e interesante entrevista de Ricardo Cárpena al Dr. Vicente Massot.
Siempre es bueno entrar en contacto con el pensamiento de Massot, sea por la caballerosidad de su estilo como por la solvencia de sus estudios. Pero si lo transcripto en la mencionada entrevista –tanto por las preguntas y comentarios del periodista como, principalmente, por las respuestas del entrevistado- fuera fidedigno, hay una serie de juicios que se han vertido sobre la revista Cabildo que necesitan justicieras aclaraciones.
1º) Durante los años ’70 y hasta hoy, Cabildo no predicó ni practicó jamás la agresividad “en términos de la reivindicación de determinados tipos de violencia tan acusadas como las de la izquierda revolucionaria”. Esta simetría que se establece diciendo que “todos reivindicábamos la violencia” es, por lo menos, errónea y confusa. A quienes aún hoy formamos parte de Cabildo no se nos ha pasado por la cabeza buscar algún refugio indulgente en esta presunta homologación de violencias.
Cabildo predicaba la guerra justa contra el terrorismo marxista, precisamente en franca oposición a la estrategia criminal de la violencia ejecutada cruelmente por “la izquierda revolucionaria”. Las cosas se especifican por su fin. El nuestro era el reclamo de los argentinos cabales, para que las Fuerzas Armadas de la Nación libraran limpia y frontalmente la necesaria Guerra Contrarrevolucionaria. El fin de “la izquierda revolucionaria” era el opuesto, en consonancia con los planes del Comunismo Internacional a los cuales aquellas bandas partisanas respondían. Hablar de una genérica "violencia" que habría sido reivindicada por todos, comporta una ligera simplificación.
Precisamente porque es cierto que “la idea es que había una guerra”, no resultan analogables los que anhelábamos en ella el triunfo de la causa de Dios y de la Patria, con los que respondían a los planes de tres Estados Terroristas: el cubano, el soviético y el chino.Proponer una suerte de exculpación sobre la totalidad del espectro ideológico porque “todos reivindicábamos la violencia”, supone una grave indistinción filosófica, política y filológica de aquel invocado término. Bien ha dicho De Maistre que la Contrarrevolución no es una Revolución de signo contrario, sino lo contrario de una Revolución.
2º) No es cierto que “todas las revistas políticas de la época, como Cabildo, El Descamisado, El Caudillo, Militancia, tenían un común denominador: nadie creía en la democracia”.
Cabildo, ciertamente –de la mano segura de los clásicos y de los pensadores tradicionalistas más preclaros de todos los tiempos- sigue repudiando esta forma corrupta de gobierno. Pero el resto de las publicaciones mencionadas no sólo creían en la democracia,insertos como estaban en las aguas purulentas y ambiguas del peronismo, sino que la necesitaban, la sostenían y la usaban para la posesión y el usufructo del poder. De Marx y de Engels es la frase: “el primer paso de la Revolución Obrera es la conquista de la Democracia”. De Lenín aquella otra, según la cual, “la República Democrática es el acceso más próximo a la Dictadura del Proletariado”.Y hasta Rosa Luxemburgo se permitió decir que la Dictadura del Proletariado "consiste en el sistema de aplicación de la democracia, no en su abolición”. La intangibilidad de la democracia- teórica y práctica- no estuvo nunca en discusión desde las páginas populistas de las mencionadas publicaciones. Sólo Cabildo se manifestó políticamente incorrecto en tema tan crucial.Y en esto, como en el conjunto de nuestra doctrina, nos place seguir siendo consecuentes.
3º) Es verdad que Cabildo “no era pluralista”, ni se expedía a favor de “la tolerancia”, o que no estaba “en las filas de los moderados”. Lo primero porque de la Filosofía Perenne aprendimos la primacía de la unidad de la Verdad por sobre la adición disgregante de las opiniones múltiples. Lo segundo, porque bien dijo un ingenioso francés que, para practicar la tolerancia, hay “casas”, y no son precisamente las que queremos frecuentar. Lo tercero, porque creemos con Gómez Dávila que para moderado está el demonio, siempre pronto a respetar todas las creencias.
Pero nuestra posición no admite ser definida como de “ultraderecha” o “de contenido antisemita”. Ni mucho menos que este último juicio se sostenga en el hecho que, desde nuestras páginas, se “alertaba sobre la conspiración judía mundial o la complicidad del judaísmo con el comunismo”. Son ya muchos y prestigiosos los autores judíos –dentro y fuera del país- que han probado la veracidad de este complot, así como la explícita y alegre connivencia del judaísmo y el comunismo. Esto último, además, se ha presentado en decenas de tratadistas hebreos como un honor antes que como una mácula. Tendrá, pues, que buscarse otro argumento para sostener tan trillada inculpación. Para hallar las causas de nuestra confrontación con el judaísmo –quienes realmente quieran conocerlas- tendrán que remontarse a la teología católica, no a la panfletería antisemita, fabricada muchas veces por los mismos israelitas.
Cabildo es expresión del Nacionalismo Católico, tan reacio a dejarse rotular con las categorías del pensamiento único dominante, como impugnador de las hemiplejias rotativas con las que el sistema se autoconserva. Ni ultraderechas ni ficciones lingüísticas similares definen nuestro ideario. La vaina enmohecida de la guerra semántica hace largo rato que no nos corre.
4º) Es una lástima –y lo decimos sin sombra de sarcasmo alguno- que el Dr. Massot haya llegado a la conclusión de que “las lecturas militantes no servían para nada y había que meterse con Aristóteles, Hobbes, Marx. Al estudiar esos temas me di cuenta de las barbaridades que reivindicábamos. Lo que hacíamos era militar, no pensar”.
Se comprende que el término militancia se encuentre hoy entre los más pasibles del desprecio, por el manoseo indecoroso que han hecho de él los esbirros del kirchnerismo. Pero al margen de que abusus non tollit usum, la verdad es que para estudiar a los autores que menciona, el Dr. Massot no necesitaba apartarse de nuestras lecturas militantes. Hasta para adentrarse críticamente en su "personaje preferido de la historia, el príncipe de Bismarck", tenía a uno de nuestros grandes maestros, Don Rubén Calderón Bouchet, quien sobre el alemán escribió en el nº 3 de Restauración, la continuadora provisoria de Cabildo,cuando ésta fue cerrada por López Rega.
Una sencilla repasada a los antiguos ejemplares de Cabildo –y esto para acotar la referencia- le permitirá advertir a cualquiera que la formación que pregonábamos en nuestros lectores, amigos y camaradas, incluía forzosamente el conocimiento y el análisis minucioso de aquellos autores mencionados por Massot. Va de suyo que cada quien consagraba al estudio lo que sus dones, talentos o posibilidades le permitían. Pero contraponer dialécticamente la militancia al pensamiento, es un cargo que no puede aplicársele al Nacionalismo Católico sin cometer una penosa injusticia. Pensadores de fuste –y consagrados a todas las áreas del pensamiento, desde la teología y la metafísica hasta las letras y las artes, pasando por la historia y las ciencias- fueron a la par esforzados militantes nacionalistas. Algunos de ellos, como Genta y Sacheri, pagaron el alto costo de su sangre derramada por esta doble y honrosa condición de pensadores militantes.
Por último, la revista Cabildo, no apareció en 1972, sino el 17 de mayo de 1973. El Dr. Vicente Massot no “tenía entonces 18 años” sino 21. Sus datos curriculares asentados en su prolífica obra, datan su nacimiento en 1952.
Se me crea o no, lamento con un dolor lacerante y creciente, haber tenido que rectificarlo. Porque los recuerdos de su juventud lúcida y combativa, de su prosa acerada y vehemente, de su fe en la Tradición de la Iglesia y en los grandes arquetipos del Nacionalismo Universal, seguirán siendo para mí y para quienes otrora fuimos sus camaradas, un testimonio vivo que hasta los mismos e irreconciliables cambios de rumbo se niegan a borrar.



30 de Enero de 2012
A casi seis años de publicación de la revista que inspira a mi quijote2010, leyendo las siempre excelentes editoriales de su director, no hace mas que demostrar otro acertijo de su alto sentido común. Si los argentinos hubiesemos visualizado entonces idénticos caminos, hubiesemos evitado daños contra Dios, la patria, y la familia. Siendo conciente del número de lectores de la página, no dejo de mantener esperanza en que solo un compatriota alcance a comprender la subiduría expresada y su deseo de saber oponernos  a esta putrefacta y delincuente tiranía conque hoy nos martirizan.  

LA TAPA DE LA REVISTA...NO PODIA REPRESENTAR ASCO MAYOR

Publicado en Revista Cabildo N° 57
Mes de Julio de 2006 3era.Época
Editorial
Oponerse es un deber

No deja de haber una cierta justicia inmanente en las airadas protestas del matrimonio gobernante contra la prensa y sus pendolistas. Descubridores de la pólvora recién cuando les estalla en las manos, los Kirchner acaban de conocer aquella verdad antigua que sintetizara el viejo La Fontaine: "todo periodista es tributario del maligno". Pero aquí acaban las pingües o pingüinas razones que pudiéramos reconocerles a la colérica dupla, para tomar rápida ubicación en las antípodas del enojo oficial.
Porque debe decirse, en primer lugar, que la fatídica yunta carece completamente de toda autoridad para juzgar las falencias conceptuales o morales del periodismo. Hueros de toda educación genuina, huérfanos de sabiduría, ajenos a las raíces culturales clásicas, distantes de los hábitos de la reflexión y del estudio disciplinado, negados al ocio contemplativo y a grandes lecturas, no son sino la expresión abaratada de una clase política intelectualmente abyecta, tan indocta cuanto afrentosa. Si el Néstor no oculta su guaranguerismo. haciendo de su condición de zote una herramienta populachera y electoralista, la Cristina —que eligió al jumento para compartir tálamo y praxeología política— no sólo lo emparda sino que lo aventaja, precisamente porque procura disimular su iletrada existencia con eventuales citas de Chomsky o de Freud, al estilo de aquellos borregos sesentistas que fatigaban solapas por las librerías de la calle Corrientes. Cuando se aleja del solapeo puede confundir al Gral. Paz con José C. Paz y a Yrigoyen con Alvear. O salir del Museo del Prado, pero quedar extasiada con Picasso.
Dígase en segundo lugar que la llamada oposición de los medios —supuestamente grave por no haber sido votada, como si la veracidad de una impugnación dependiera del sufragio universal— no es oposición sustantiva y esencial. No sólo porque convalida al Régimen, sin cuestionar jamás su intrínseca ilegitimidad y pravedad interna, sino porque lo secunda y acompaña en su programa destructivo de la naturaleza y la cultura. Es trágica paradoja que el periódico más reiteradamente señalado hoy como enemigo del gobierno, resulta el mismo que publicita, promueve y alberga a los hechos y a los protagonistas más torvos del salvajismo espiritual dominante. Sin contar que desde sus páginas, el 12 de julio de 2003, en plena portada y con carácter de nota rectora, Félix Luna escribía una repugnante justificación y alabanza de la guerrilla marxista instalada en la Casa Rosada, amonestando "a los asustadizos" que no saben respetar "la utopía" de aquella "generación diezmada".
Sumemos una tercera objeción a la campaña antiperiodística del prepotente dúo. Y es que ella silencia la cantidad de alcahuetes con que cuenta él oficialismo, desparramados en un sinfín de expresiones multimediaticas que le son vergonzosamente afines y sumisas. Preséntanse los Kirchner como victimarios de una enemistad del cuarto poder, cuando la verdad es su contraria, no existiendo otra víctima más que la sociedad argentina, a manos de unos medios masivos abigarrados de proxenetas malignos y ordinarios. Medios masivos que, más allá de tal o cual disonancia en cuestiones subalternas, leguleyas o procedimentales, conforman el más uniformado montaje al servicio de la tiranía. Pero como lo propio del tirano es no soportar ni la presencia del prójimo, ni la del bien que pueda reclamar en justicia, agitándose rencoroso y sin sosiego contra cualquier atisbo de contrariedad que lo señale culpable, aquí y allá se moviliza el dedo acusador de los Kirchner.
En rigor, lo que no pueden soportar es que la realidad le pegue tan duro al ideologismo que los anima y los ciega. Y que el espejo no les devuelva las figuras que pactan en los quirófanos, sino los rostros desencajados e insultantes propios de las almas rastreras. La realidad es la inseguridad, el homicidio, el caos diario, la prostitución en las calles, la juventud envilecida, la educación arruinada, la Universidad arrasada, la policía sobrepasada por los facinerosos, las Fuerzas Armadas humilladas, la usura en los bolsillos cotidianos, la blasfemia a la orden del día, el asesinato de ancianos, la violación de mujeres, el atropello a los hombres decentes, el vilipendio a la fe y a las costumbres cristianas, la promoción del delito, del piqueterismo y de la infamia." El "país en serio" de los afiches, suscita una mueca descompuesta al país real que padece y se quiebra.
"Lo tenéis todo", les dijo Franco a los rojos, cuando se alzó dispuesto a reconquistar a España, hace exactamente siete décadas en estos días. "Todo menos la razón". Por eso, porque no tienen razón, es un deber oponerse; y oponerse es impugnar de raíz al sistema y a sus inescrupulosos aprovechadores. Es desenmascarar a estas malas lenguas que, como la de los orcos, sólo saben insultar y maldecir, sin veracidad ni gracia ni belleza alguna en los labios. Tarde o temprano, y suceda lo que sucediese después —que únicamente Dios lo sabe— veremos rodar a estos enajenados del puesto que ahora ocupan. Y la Historia Verdadera no recogerá su paso por esta tierra que les es espiritualmente ajena, más que para asociarlos a una pesadilla ramplona y obscena.
Quede para ellos aquella pesadilla. Para nosotros los sueños y la vigilia combativa. Porque como enseñaba el maestro Tomás Casares, nunca es mayor la obligación de testimoniar la verdad, que cuando se tiene la certeza de que la verdad está siendo apedreada. •
Antonio Caponnetto





23 de Enero de 2012


Edirorial de la Revista Cabildo N°88
Mes de Abril de 2011-3era.Época
Antonio CAPONNETTO
La Democracia es la Enemiga del Pueblo

A plena incompatibilidad entre la Democracia y el Bien Común ha encontrado una nueva y dolorosa prueba. Lo mismo se diga, y por ende, sobre la contradicción inevitable entre los partidócratas y el cuidado de la nación. Esa nueva prueba a la que aludimos es el conflicto desatado por el flamante Ministerio de Seguridad en relación con la Policía Federal.
Ningún tecnicismo necesitamos conocer para ratificar enérgicamente lo antedicho. Preguntarse de quiénes son las culpas, de quiénes las deudas, a quiénes corresponde cuidar tal área o solventar las guardias adicionales, es mentar lo baladí frente a la esencial y visible tragedia de un gobierno que, para complicar al estúpido que juzga absurdamente su rival, no trepida en desguarnecer aún más los espacios públicos, precisamente en el momento en que la inseguridad arrecia y el delito acrece.
Al ciudadano de a pie no le van ni le vienen los términos jurídicos del debate, sino las consecuencias mortales constatadas a diario, al verificar la indefensión en que lo dejan los poderes públicos. Pero es que precisamente ese ciudadano de a pie es el único que no cuenta para el sistema democrático. Objeto de todo tipo de declamaciones y sujeto de promesas electorales miles, el conjetural "soberano", en la práctica, es nada más que un cautivo indefenso en las manos insanas de los rapiñadores del poder. El argentino promedio experimenta a un altísimo costo lo que si supiera teorizar enunciaría con precisión doctrinaria. A saber, que la democracia es el principal enemigo del pueblo.
Sin embargo, a este episodio policial —emblema, como decimos, de la incongruencia entre el sistema y la benevolencia colectiva— le faltaba aún una cuota de cinismo cruel, y la ministra Garre no trepidó en ofrecerlo, que para eso está preñada de un pasado criminal, tanto como provista de un presente siniestro. Sucedió que, concluyendo la primera semana de abril, esto es, en medio de la crisis social por las insensatas medidas adoptadas, no tuvo la mejor ocurrencia que colocar una placa en el viejo edificio que fuera de Coordinación Federal, de la Policía Federal.
Pero la susodicha placa no era para recordar condenatoriamente el atentado del que fue objeto la institución, el 2 de julio de 1976, llevado a cabo por" las organizaciones terroristas. Tampoco para rendir tributo a quienes fueron sus víctimas, más de veinte muertos y de setenta heridos; ni menos para condenar la terrible voladura, tristemente común en los procedimientos guerrilleros. Nada de eso. La placa es un homenaje a los asesinos; a esa juventud maravillosa .que en dicho lugar habría sido "detenida, torturada y exterminada", pidiéndose para ellos "memoria, verdad y justicia". Unas semanas antes, claro, Firmenich y Verbitsky, partícipes directos del criminal suceso, habían sido sobreseídos definitivamente por la justicia contranatura del kirchnerismo. Como mucho nos tememos que los más jóvenes no puedan justipreciar adecuadamente esta indecible aberración, digamos en dos trazos, que el gesto sería equivalente a levantar en el Japón de hoy un monumento al tsunami, o en honrar en el patio de la escuela de Río de Janeiro al enajenado que acaba de matar sus alumnos, o en desligar de toda responsabilidad a la, Thatcher por el alevoso hundimiento del Crucero General Belgrano.
Que la policía haya permitido sin hesitar tamaño vejamen a sus caídos y a su propia guerra justa, mide la cprrupción en que se halla, mucho más que las proverbiales coimas o turbiedades siempre vigentes. Que un acto de tamaña subversión moral —sí, no hay otro nombre adecuado que el de subversión— sea ya noticia corriente entre los quehaceres gubernamentales y permanezca impune, retrata la hondura de un mal cuya naturaleza última es demoníaca. Y que "la maldad insolente" haya emergido de la letra de un tango para enseñorearse con lenidad sobre todo, bien podría ser el tema para una reflexión parusíaca, como lo vienen haciendo algunos especialistas.
Entre tantas mentiras', este Gobierno ha elaborado una que le da buenos dividendos. Según la misma, sus más encarnizados enemigos serían un conocido imitador de Freddy Mercury, una anciana dedicada a servirse el almuerzo en público, un hebreo baboso palmanalgas, o un par de periódicos que jamás han conocido mayor norte que el negocio. Si alguna vez se topara con un enemigo real, entitativo, veraz e insobornable, otro podría ser el curso de la historia.
Esta enemistad total y sin concesiones con la perversión democrática es la que urge fortificar y expandir. Los restantes son caminos funcionales a la perdurabilidad del modelo. •



14 de Enero de 2012
Entendí prudente traducir las palabras con que el director de la revista abriera el N°86 de su décimo año. Lo tituló "LA TRAMOYA DEL PARLAMENTARISMO" 
TRAMOYA: 1. (De trama). Máquina para figurar en el teatro transformaciones o casos prodigiosos. 2. Conjunto de estas máquinas. 3. Enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña.
PARLAMENTARISMO:
Sistema político en que el poder legislativo está confiado al Parlamento, ante el cual es responsable el Gobierno.
Se evidencia que ambos términos no condicen en punto alguno para ningún tipo de bien. Sé también, que la tromoya no esta reglamentada para uso del parlamento, pero ante los pasados y recientes acontecimiento ¿Que otra cosa pareció?. Además si del parlamento es responsable el gobierno, ¿Para que sirven? Leer esa editorial de Cabildo a casi dos años, no hace pensar en otra cosa mas que en lo acertado del Dr. Caponnetto. Existen citas filosóficas admirables las que invito a estudiar profundamente. Sumando además los sucesos posteriores, nos hace sentir lástima de lo poco que queda de Patria. 

Publicado en revista Cabildo N°86
Abril/Mayo de 2010 3era. Época
EDITORIAL
Antonio CAPONNETTO
La Tramoya del Parlamentarismo


Quienes nos toman por principistas políticos, dándole a la afirmación un tono acusatorio que no debería tener, suelen aducir que si aceptáramos, siquiera a regañadientes las reglas del sistema, podríamos arribar hasta los escaños mismos del parlamento y hacer pesar nuestra voz.
Aún sin llegar a tales extremos sacrificiales, hay amigos de la más santa condición que, de vez en vez, nos instan a ejercicios mortificatorios menores, como impugnar con nuestra presencia alguna medida particularmente aborrecible de las tantas que democráticamente deponen ciertos cuerpos colegiados en sesiones abiertas a la polémica pública.
Los que así arguyen no suelen ser enteramente crédulos del sistema, pero están convencidos de resultar pragmáticos. Son en el fondo personajes candorosos que apuestan a cierta forma de injerencia en la colegialidad, como si ésta se rigiera por alguna norma que no fuera la inicua ley del número amañado, de la cifra camandulera, del porcentaje tramposo, del guarismo fraudulento. Ni hablemos de los beatos de la democracia, ante cuyos ojos bovinos todo altar puede ser profanado, menos aquel en el que se recuentan los sufragios.
A la vista de lo que está ocurriendo ahora en el Congreso, no parece necesario tener las dotes envidiables de Lucas Padilla, de quien dijera Jorge Vocos: "Tú que las tienes, traes las razones: «Dijo Platón, Santo Tomás decía...»". Porque, en efecto, aquí ya no se precisa argüir con los clásicos sobre la ingente ruindad de un régimen sostenido en la rebelión de la cantidad sobre la calidad, como no se precisa tampoco filosofar en exceso sobre la aporía malsana de un modelo institucional edificado sobre lo más voluble y contingente que existe: ¡a mitad más uno.
Aquí basta con algo más empírico y más pedestre, aunque con los riesgos que supone toda actividad en un laboratorio, cuando se escapan los tóxicos y se mezclan las sustancias emponzoñadas. Aquí nos basta, decimos, con estar al tanto de las jugarretas apatridas entre el oficialismo y la oposición, presenciando esa partida tosca de tahúres que protagonizan radicales y peronistas, con sus distintas subespecies zoológicas y taxonomías simiescas. "¡Quítate tú que me pongo yo porque soy más guapo, y la gran farsa de echar los votos", decía el cura Castellani. Esto es por naturaleza, no sólo per accidens argentino, la corrupción del parlamentarismo. Su desquicio inherente, su prostitución connatural, su insalvable villanía de no tener otra pauta suprema que la de los porcentajes.
Ahora resulta que amenazan a los legisladores que se ausenten de las augustas sesiones con descontarles las dietas. ¡Como si alguno de estos timadores profesionales viviera de su salario legiferante! Y hasta pretenden asustarlos con la promesa pueril de conducirlos al magno recinto con la fuerza pública. ¡Oh, el trascendente pleito jurisdiccional que se abre entre la Federal y la Metropolitana! ¿Quien encadenará a los titanes al yugo congresil? Mientras la parodia se desenvuelve, ausentes y presentes rotativos se ríen a carcajadas, escondidos tras los cortinados, tramando la próxima felonía, la siguiente trufa, la zancadilla mañosa, el acuerdo emporcado. Sólo la patria llora.
¿Se necesita algo más concreto y mas hediondo para aceptar de una vez por todas que el Nacionalismo tiene empedernidas y fundadas razones cuando abjura de la democracia y del parlamentarismo? ¿Se necesita presenciar todavía alguna' canallada más de los Rossi, los Pichetto, los Kunkel, los Cobos, los Ga¬rrió, los Menem, o los cien nombres distintos de la misma traición a Dios y a la Argentina?
Parece que fue el liberalote Stuart Mili el que decía que en los procesos sociales controvertidos se su¬ceden tres fases: el ridiculo, el debate y la aceptación.
El ridículo trágico de estos pigmeos disputando un botín ante las ruinas de la patria, es rutina de cada día. El debate participa de ese mismo ridículo y lo alimenta, por orfandad de cacumen y exceso de prostititución mental.
La aceptación es la larvada complicidad de todos los participantes de la sombría farsa, pues al instante siguiente que dejen de aceptar el Régimen tendrán que hacer lo que nunca han hecho en sus vidas: trabajar decentemente.
Queda una cuarta fase que no previo el londinense. La reacción indignada y vigorosa de quienes no están dispuestos a presenciar inertes el remate de la Nación en el garito de un Congreso rufianesco y prostibulario, con perdón del pleonasmo.
Están todos invitados a participar activamente de esta cuarta fase. •


Editorial de Revista Cabildo N°93
Mes Noviembre/Diciembre 2011
Antonio Caponnetto
NOSOTROS CONFRONTAMOS
A noche del 23 de octubre, y como parte de los festejos tras las deposiciones del electorado, una Cristina ebria de euforia invitaba a acercarse al estrado a la última novia de su promiscuo vicepresidente. "Vení linda. Miren qué novia linda que tiene Boudou", registraron literalmente los medios. Al margen de que tamaña pieza oratoria no empardará ciceronianas páginas, lo cierto es que la piropeada pertenece a esa especie de mujeres del mundillo de la farándula, que eufónicamente llamaremos ligera de cascos. Baste para calibrarla el saber que se ha tatuado sacrilegamente la imagen de la Guadalupana en una de sus piernas. Pocos días después, el 9 de noviembre, y para avalar un libro del numerólatra Paenza, la presidenta se instalaba en el tinglado del Maipo, y ya subida sobre él declaraba sin rubores que se sentía "orgullosa de estar en el mismo escenario sobre el que desfilaron unos miñones bárbaros".
Episodios menores, se dirá. Anecdotario baladí acaso. Concedamos la duda a los más candorosos. Pero es todo un símbolo que una mujer, que dice querer velar por la dignidad de todas las de su condición, pondere a una descerebrada tipeja, a la par que se sienta cómoda allí donde la peor ralea se dio cita, amontonando carnes de pelanduscas y rufianes. El orgullo de una varona cristiana sería demoler ese escenario prostibulario —donde tantas ofensas a la mujer y al hombre se consumaron—, no encaramarse al mismo. Símbolo aparte, por supuesto, el que trepado al sitio de tan peculiar orgullo se encontrara el precitado Boudou, tránsfuga vergonzante, cuya taradez hace sombra a su malicia. He aquí la catadura espiritual de la dupla ungida recientemente por la democracia.
Señalamos el hecho porque mucho nos tememos que no se tenga aún plena conciencia de lo que este nuevo período kirchnerista significa. Aquí se ha consolidado una tiranía ruinosa manejada por sujetos moral e ideológicamente degenerados. La degeneración cubre absolutamente todos los ámbitos, pero se torna particularmente grave en el terreno de la educación, de la cultura y de las costumbres. Es la atmósfera social la que envenenan, el ethos general el que subvierten, la historia patria la que falsifican, el presente político-económico el que distorsionan, la enseñanza pública la que contaminan, el señorío colectivo el que degradan, las modas y las preferencias populares las que cubren de mugre. Es el lenguaje oficial el que comunica a la población criterios innobles, gestos viles, rencores y mentiras, venganzas y adulaciones, vanidades insufribles, heroicidades que nunca existieron. No escapan los niños al premeditado influjo de la roña tiránica: un canal de televisión estatal se ocupa de ello. Ni escapan los restantes estamentos del castigado cuerpo social. Se ha cumplido la temible sentencia de Niezstche: hasta el espíritu huele a podrido.
Los tres poderes concurren a esta consolidación de la tiranía, que casi en soledad protestamos. Jueces que practican la lenidad con los culpables y el castigo feroz para quienes combatieron al terrorismo marxista. Legisladores que aprueban normas por las que se puede elegir el sexo a la carta, y un sinfín de instituciones y de personajes tributarios del Ejecutivo, dedicados a fiscalizar minuciosamente por persona, por barrio, por presunta condición social o militancia política. Gobierno de matones impunes, de parricidas sueltos, de madres y abuelas de homicidas, de aborteros infames, de plutócratas ostento¬sos, de ignorantes infatuados y de antiguos asesinos convertidos en respetables funcionarios. Gobierno de "ella" y con su sello indeleble: la estulticia.
La Iglesia, que debería ser la abanderada de la lucha contra este despotismo ingénitamente anticristiano y prostituyente, ha renovado de modo público su voluntad cobarde de no confrontar, su disposición a la cómoda pleitesía, su incapacidad absoluta para convocar al combate y al martirio. Quienes dicen confrontar con el Gobierno, y a su modo lo hacen, se agitan por un dólar, un subsidio, un mostrador, el precio de la soja o el control de un sindicato. Del plano crematístico no pasan. Así como no estamos en contra del puterío con argumentos de beatonas finiseculares, sino por respeto viril a la condición creatural del hombre, tampoco estamos en contra de las medidas económicas con argumentos de burgueses deambuladores de la ciyy. Lo indignante no es que un peso no pueda cambiarse por una moneda extranjera sin control estatal. Si no que ese mismo Estado promueva la más absoluta libertad para cambiar la naturaleza por la contranatura. La primera libertad coaccionada podría ayudar a tener una cierta soberanía financiera. La segunda libertad promovida sólo puede ayudar a ultrajar el Decálogo.
Nosotros confrontamos, pues, por realidades más altas, y llamamos a los católicos y a los argentinos con honor a que no cejen en el empeño. Precisamente porque carecemos de todo recurso material, de todo medio corpóreo, de toda herramienta física. Pero tenemos en cambio el ariete insobornable e invicto de la palabra ver-dadera. "¿Os asusta señores la tiranía que sufrimos?", decía Donoso Cortés. "De poco os asustáis; veréis cosas mayores. Señores, tremenda es la palabra, pero no debemos retrotraernos de pronunciar palabras tremendas si dicen la Verdad, y yo estoy resuelto a decirla".
No hay tiranía cuyos cimientos hayan resistido indefinidamente el testimonio de la Verdad.. •




26 de Diciembre de 2010
13/12/2011260COMUNICADO DE LOS QUERELLANTES
Causa Judicial sobre el homicidio de Mons. Enrique Angelelli

AHORA, JUICIO A LOS ASESINOS DE MONS. ANGELELLI
La resolución 740/2011 del Juez Federal de La Rioja Dr. Daniel Herrera Piedrabuena en el Expte. Angelelli Enrique Ángel s/ HOMICIDIO es un paso importantísimo, largamente esperado, en el camino hacia la condena de los asesinos de Mons. Angelelli. Dicha resolución – del 24 de noviembre/11 – dicta el procesamiento por homicidio calificado en el caso de Mons. Angelelli, tentativa de homicidio en el de su acompañante Arturo Pinto, y asociación ilícita a los militares Jorge Rafael Videla, Albano Eduardo Harguindeguy, Luciano Benjamín Menéndez, Luis Fernando Estrella y al comisario Juan Carlos Romero. A todos se les establece prisión preventiva, aunque salvo Videla, el resto lo hará en el régimen de detención domiciliaria, por razones de salud. Igualmente fue suspendido el proceso al militar Edilio Cristobal Di Cesare, ex jefe de policía de La Rioja, por “incapacidad mental”. Varios más, como el Teniente Coronel Osvaldo Pérez Battaglia, el Coronel Jorge Pedro Malagamba y Comodoro Lázaro Antonio Aguirre, que incluimos en nuestra solicitud como querellantes por su responsabilidad y participación en el atentado criminal son mencionados en la resolución, aunque excluidos del proceso por fallecimiento.
En nuestro carácter de querellantes, tanto María Elena Coseano, sobrina de Monseñor, como Luis Miguel Baronetto, por el Centro Tiempo Latinoamericano, destacamos el hecho porque indica un avance fundamental en la reversión de una larga historia de impunidad no sólo por las maniobras judiciales con las que se buscó ocultar el crimen, sino también de los sectores eclesiásticos, que conociendo la verdad de lo sucedido desde el mismo 4 de agosto de 1976, la negaron por su connivencia y complicidad con el terrorismo de estado. Así lo ha declarado el propio imputado ex general Jorge Rafael Videla en este expediente, al relatar su encuentro con el Nuncio Apostólico Pio Laghi: “…sin hesitar me respondió: Presidente, la Iglesia tiene asumido que el fallecimiento de Mons. Angelelli, fue producto (sic) por un accidente; Ud. puede dormir tranquilo respecto de este asunto”.
Las primeras actuaciones de la justicia riojana fueron archivadas a fines del mismo mes de agosto de 1976, por el juez Vigo, ex auditor de la policía federal, designado en sus funciones pocos días antes del crimen. Reabierta la investigación en 1984, el juez provincial Aldo Morales en 1986, en base a las pruebas acumuladas, resolvió que la muerte de Monseñor Angelelli había sido producto de un “homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima”, como lo sosteníamos tanto los familiares como sus discípulos cordobeses y feligreses riojanos. Esta resolución sufrió sucesivas apelaciones hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y terminó en la Cámara Federal de Córdoba, para ser clausurada por las leyes de punto final y obediencia debida en 1990. No fueron ajenas a estos aspectos jurídicos las presiones del poder político y de la cúpula eclesiástica, según lo señalamos en aquellos años. Y se comprende mejor ahora a la luz de lo expresado en el reciente dictamen, con el testimonio de Aurelio Ortiz, entonces secretario del obispo asesinado, al revelar que el Cardenal Primatesta, ante varios testigos expresó: “Vamos a aceptar la teoría del accidente para que nos dejen investigar tranquilos”. Investigación que nunca se conoció, ni se sabe que se haya realizado…
No fueron casuales las maniobras y presiones eclesiásticas y políticas, hasta que las leyes de impunidad paralizaron el camino judicial. La anulación de esta legislación en el año 2006 posibilitó la reapertura de la causa, que avanzó en nuevas evidencias del atentado criminal, acreditado por el Juez Herrera Piedrabuena como “homicidio por accidente de tránsito provocado”.
Entre las valoraciones efectuadas merecen destacarse las sucesivas declaraciones del único acompañante y sobreviviente el ex sacerdote Arturo Pinto, tantas veces denostado por interesados medios de prensa en manos de los beneficiarios del terrorismo de estado.
El fallo señala las irregularidades del sumario inicial, firmado en forma coactiva por el empleado policial, que ahora ha revelado nuevos detalles. Menciona también en el lugar del hecho, a las pocas horas del “accidente”, la presencia de un “capitán Maggi” y del comisario “La Bruja” Romero, jefe del D2 riojano, ahora procesado, quienes apartaron de las primeras actuaciones a los policías del lugar. Como parte de las maniobras para ocultar el atentado también ha sido considerado el sumario “paralelo” realizado por la policía de la ciudad de La Rioja, ajena al escenario de los hechos, ese mismo día; y que fuera entregado en original por un ex policía – en confesión – a Mons. Carmelo Giaquinta, y aportado a la causa por los querellantes del obispado riojano.
Ha quedado consolidada la prueba para sostener la provocación del atentado criminal mediante la intervención del vehículo color claro que se interpuso a la camioneta que conducía Mons. Angelelli, ocasionando su vuelco fatal. Varios testimonios, incluidos los policías de la zona, ratificaron la existencia del vehículo siempre mencionado por el acompañante Arturo Pinto. Y el chapista que reparó la camioneta de Mons. Angelelli declaró que ésta “de color blanco hielo, tenía una mancha como si hubiese sido rozada por un auto blanco tiza”.
El paso del tiempo y las deliberadas trabas, ocultas o explícitas, impidieron la individualización de otros autores, inmediatos o mediatos, entre ellos los cómplices civiles que alentaron el crimen. Varios de los individualizados no podrán ser juzgados por haber fallecido. A uno de los imputados, el mayor Edilio Di Cesare, entonces jefe de policía, se le suspendió el proceso por “incapacidad mental”. Otros cuatro – Menéndez, Harguindeguy, Estrella y Romero – cumplirán la prisión preventiva en sus domicilios. Sólo Jorge Rafael Videla seguirá detenido en la cárcel de Campo de Mayo (Bs. As.) Estas secuelas de la impunidad pueden agravarse si se demora la elevación juicio, toda vez que las estrategias de las defensas de los imputados se asientan en obstaculizar el proceso mediante cadenas de apelaciones, que les permitan ganar tiempo, mientras los criminales siguen envejeciendo sin las merecidas condenas. No queremos que los principales autores de estos delitos se vayan a la tumba sin pagar sus crímenes. Para que realmente haya justicia, el proceso debe concluir con la inmediata elevación a juicio y la condena en cárcel común. Esa es nuestra exigencia. Y debería ser también de las jerarquías eclesiásticas que siempre se excusaron a la espera de la palabra judicial que ahora ha sido pronunciada.
Córdoba, 5 de diciembre de 2011
Querellantes: Marilé Coseano, sobrina de Mons. Angelelli y Luis Miguel Baronetto, por el Centro Tiempo Latinoamericano.
CENTRO TIEMPO LATINOAMERICANO – CASA ANGELELLI, BELGRANO 715 – CÓRDOBA
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En horas de la mañana de hoy, recibía el correo electrónico que antecede transmitido por un amigo y camarada. Tema: Tras la prisión de los Asesinos de Monseñor Angeleli. Eso hizo que me dedicara a la búsqueda de un número de Cabildo donde hacen ya unos cuantos años se hablaba de los "idealistas" creadores, partícipes manipuladores de mentiras y "frabricantes" de víctimas . Entre ellos se destacaba aquella grotesca figura de tan mala visión como de respeto hacia los mandamientos de la ley doy Dios. El presidente de la nación encabezaba esa runfla de hampones a que aludo. En un acto al supuesto asesinado,con su viperina lengua decretaba que el obispo de La Rioja se consituiría en otra víctima de la dictadura. Bastó para ello, que nuevos "Judas" movilizaran otro Sanedrín. Hay un refrán popular que dice "Dios los cría y el viento los amontona". "Fray"Antonio Puygané (¡De gran actuación en la Tablada!), "Monseñores" De Nevares y Hesayne (Porotectores de D.D.H.H y sacrílegos Tercermundistas), acoplados al "catoliquísimo" Novel de la Paz (¿Porqué) Perez Esquivel elevaran las primeras oraciones para entronizar un santo "capellán de Montoneros". Hubieron dos o tres instancias judiciales que fallaron contra una mentira, pero el maleante sistema instalado por asesinos y respaldado por tenebrosos ladrones, a seis años de la nota que deseo difundir, ellos necesitan continuar "fogoneando" las hogueras de odio y resentimiento para multiplicar nuestras encarceladas defensas, hoy planean apresar a los que "mataron" aquel obispillo de "quizás"equivocada vocación.              




26 de Diciembre de 2011
Publicado en Revista Cabildo N°49
Agosto de 2005- 3era.Época
Publicado en
Iglesia Clandestina
por José Fernando ARES
La mentira del asesinato de Angelelli



Los hechos y su carátula
El día 4 de agosto de 1976, a la altura del Km 1.058 de la Ruta Nacional 38, en cercanías de la localidad de Punta de los Llanos, en la Provincia de La Rioja, como consecuencia del vuelco de la camioneta marca Fiat 125, tipo multicarga, chapa patente F 007968, propiedad del Obispado de La Rioja, fallece Monseñor Enrique Ángel Angelelli y se lesiona el Vicariocura Arturo Aldo Pinto. Socorrido el supérstite y apersonado un contingente policial provincial de inmediato, se instruye el sumario N° 5090-6 que determina que lo ocurrido fue un accidente. A fojas 21 y siguientes de dicho sumario, se incluye la pericia mecánica a cargo del Perito Mecánico Ramón Antonio Soria, quien clara-mente señala el carácter accidental de lo ocurrido.
Con fecha 4 de agosto de 1976, el médico forense Dr. Enzo Herrera Páez eleva el informe de las lesiones que presenta el cuerpo del occiso. Las conclusiones sumariales solamente se refieren a un accidente que tiene como hipótesis un hecho fortuito o alguna imprudencia por parte del conductor. El Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Correccional N° 1, a cargo del Dr. Rodolfo Nicolás Vigo. Secretaría del Dr. Elmer Raúl de la Fuente, caratuló esta causa A-2516 como "Angelelli, Monseñor Enrique Ángel s/fallecimiento", con lo que demuestra la ausencia total de sospechas sobre otro tipo de causal del deceso. Este encuadramiento no es objetado en ningún momento por la Fiscal interviniente, Dra. Guzmán Loza, Agente Fiscal de los Ministerios en Turno.
A efectos de determinar la mecánica y las causas del accidente en forma imparcial e independiente, se recurrió a un experto en accidentes viales, quien luego de un pormenorizado y profundo análisis de todos los antecedentes y circunstancias existentes concluyó que:
1) No existen acciones de agentes externos en la producción del choque. El 5 de agosto de 1976 el diario "El Independiente" de La Rioja, periódico que se caracterizaba por el apoyo brindado a la gestión de Angelelli, y su oposición al gobierno del Proceso, en su edición N° 6553 informa: "Falleció en un accidente Monseñor Enrique Angelelli". Todos los comentarios y las versiones de este medio ratificaban la hipótesis del accidente, incluyendo la narración de un gomero de la Ciudad de Chamical que le habría advertido al Padre Pinto que los neumáticos de la camioneta estaban en pésimo estado y que no viajase de ese modo.
En forma extraoficial, también se comentó que de la observación de los distintos rastros del accidente los investigadores habrían llegado a la conclusión que el vehículo era conducido por el Padre Pinto, pero para no tener que iniciarle proceso por presunto "homicidio culposo", dado su estado de salud, no determinó quién conducía la camioneta, dejando la duda sobre quién manejaba en el momento del accidente. Jamás fue claro el testimonio del Padre Arturo Pinto, sus incoherencias las justificó en la pérdida de la memoría y el shock causado por el accidente. Luego, su conducta posterior derivó en el alejamiento de la función sacerdotal, no sabiéndose a ciencia cierta si todavía ejerce o no como sacerdote. Los inventores de la fabulación martirial de Monseñor Angellelli siempre han tratado de colocarlo en un plano de hermetismo y evitan sacarlo a la palestra en todas las oportunidades.
Los artífices del fraude
El 4 de agosto de 1983 se lleva a cabo en la ciudad de Neuquén un homenaje a Angelelli organizado por el Obispo local, Mariano Jaime de Nevares. Tiene a su izquierda a Miguel Hesayne, al fraile asaltante de regimientos Antonio Puigjané (todavía no había consumado su sangriento delito de La Tablada) y a un insólito Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Fue allí que el violento Puigjané lanzó por primera vez, oficiosamente, la mentira del asesinato de Angelelli. La banda de De Nevares consiguió incluso un efímero triunfo, que la justicia de Neuquén iniciara la investigación de la muerte de Angelelli; y así, sobre la base de lo denunciado por Puigjané, el 5 de agosto de 1983, se inicia en Neuquén por parte de la Defensoría del Tribunal Superior de Justicia, el sumario (Expte 22.139/ 83), caratulado "Acuerdo Extraordinario N° 1992".
Como no podía ser de otra manera, el Tribunal Superior de Justicia, se declara incompetente por razones de jurisdicción, y remite lo actuado el mismo el 5 de agosto, al Superior Tribunal de Justicia de La Rioja. El 19 de julio de 1986 se inicia en el Juzgado Criminal y Correccional de Primera Instancia N° 1 de La Rioja, a cargo del Dr. Aldo Fermín Morales el Expediente 23.350/86, caratulado "N.N., Homicidio Calificado y Tentativa de Homicidio Calificado", donde se toma declaración a falsos testigos como posteriormente se demuestra, en la Cámara Federal de Córdoba, que imputaron en sus declaraciones a personal militar, objetivo final y cantado de la maniobra. El "juez" Morales decide que Angelelli fue víctima de un homicidio premeditado y eleva la causa.
La valiente actitud de Monseñor Witte
Ante el curso que tomaba esta maniobra judicial fraudulenta, Monseñor Bernardo Witte, Obispo de La Rioja, hizo importantes declaraciones en 1988, ya en plena época de cacería alfonsinista contra las Fuerzas Armadas. El 29 de julio de 1988, el diario "La Prensa", publica su declaración, en la que afirma, en referencia al dictamen elaborado en 1986 por el Juez de La Rioja : "Nos sorprendimos de que la misteriosa muerte de Monseñor Angelelli, haya sido caratulada de asesinato sin que se tengan las pruebas suficientes". "En la causa se incluyó a militares sin suficientes pruebas, y luego éstos recibieron los beneficios de las leyes de punto final y obediencia debida, sin que pudieran defenderse". No contento con estas declaraciones en defensa de la verdad, el Obispo realizó un hecho de inestimable valor procesal: el 27 de septiembre de 1988, ante la negativa del Juez Morales de tomarle declaración testimonial, el único testigo presencial del accidente que sufrió el Obispo se presenta por tercera vez en el Obispado de La Rioja y relata con lujo de detalles como vio lo ocurrido, en razón de encontrarse encaramado en un poste de la línea de alta tensión que une la localidad de Patquía con Chamical, efectuando la reparación de la misma.
"Manifiesta que aproxima-damente en el Km. 1057 de la Ruta Nac. N° 38 , la camioneta se desvía de la ruta hacia la derecha sin disminuir la velocidad recorriendo mas de cien metros con las dos ruedas derechas sobre la banquina, alejándose del centro de la ruta, hasta que en determinado momento el conductor en una brusca maniobra, como si se despertara, trata de volver al centro de Jaruta, oportunidad que escucha el reventón de la cubierta, ve un giro hacia la izquierda, apertura de la puerta derecha, expulsión de un cuerpo vestido de negro, y posterior vuelco en dirección a la banquina opuesta, donde el vehículo queda de costado en dirección opuesta a la que venía". "Que la persona que acompaña al conductor es la que queda tirada en el suelo. El que conducía permanece en el vehículo hasta que el mismo termina su recorrido". "Que en el momento del accidente no se encontraba ningún otro vehículo sobre la ruta, ni tampoco circulando por la misma". "Que en agosto de 1956 en el Obispado y por indicación del Sr. Obispo ya relató lo mismo al Juez Morales y quedó a la espera de ser citado al Juzgado para ratificar lo expresado, lo que nunca ocurrió". "Que posteriormente a la entrevista recibió ofertas de dinero para no decir lo que sabía y amenazas si llegaba a hablar". "Que el 18 de agosto recibió la última llamada en que le ofrecen 50.000 dólares". "Que ¡a presente declaración la realiza por entera voluntad y en el temor de que se cometa un atentado para evitar que pueda declarar ante el Juez que instruye la causa".
Monseñor Bernardo Witte certifica al pie que lo expresado ha sido firmado en su presencia con total voluntad del declarante. Procediéndose posteriormente a depositar lo relatado en una Escribanía en hoja de actuación notarial N° 0.266.666, para resguardo de la persona, en calidad de depósito con instrucción de que sea entregado el sobre con membrete del Obispado de La Rioja, que contiene lo declarado, debidamente refrendado a la autoridad competente en caso de muerte, incapacidad o desaparición del exponente.
La Cámara Federal de Córdoba desbarata la impostura
Era muy grosero el fallo de Morales como para subsistir, tanto como las mentiras de los profetas del odio. Así que recibidas sus actuaciones por la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba, ésta se aboca con total responsabilidad y dedicación a investigar si el Obispo de La Rioja, murió como consecuencia de un accidente automovilístico, o si fue víctima de un atentado criminal, puntualizando que los pasos dados en procura de averiguar la verdad del hecho, se realizan en base a tesis, a las informaciones recabadas y a los antecedentes en su poder.
El 14 de marzo de 1989, el Fiscal Federal Luis Roberto Rueda, al contestar vista de la'causa a la Cámara Federal de Córdoba, en un pormenorizado informe refiriéndose a la resolución del Juez Riojano, expresa: "Por las razones precedentes, considera este ministerio que no es correcta la declaración judicial relacionada en tanto afirma que la muerte del Obispo fue a causa de un homicidio, pues resulta débil la objetividad probatoria en que se sustenta el razonamiento".
El 20 de abril de 1990 la Cá-mara Federal de Apelaciones de Córdoba en su resolución expresa: "La Corte Suprema de Justicia de la Nación atribuyó a esta Cámara Federal la responsabilidad jurídica de conocer e investigar la verdad respecto del hecho que costara la vida de Monseñor Enrique Angelelli. A tales fines se practicaron numerosas medidas tendientes a esclarecer su muerte, algunas de ellas totalmente nuevas, producto de la investigación realizada por el Tribunal [...} No obstante lo expuesto y todo lo actuado en autos, resulta imposible poder asegurar que el hecho haya sido consecuencia de un accionar doloso. Está probado que la muerte se produjo a causa del accidente, pero a esta altura de la investigación, que se considera agotada, no hay elementos suficientes que permitan afirmar que el accidente haya sido efectivamente provocado. Por lo expuesto, en virtud de las medidas instructorias practicadas y demás consideraciones efectuadas, y atento que los medios de justificación acumulados no son suficientes para demostrar la perpetración del delito, en concordancia con lo dictaminado por el Señor Fiscal de Cámara, este Tribunal estima pertinente dictar el sobreseimiento provisional de la presente causa".
La lamentable omisión de la Cámara
Lamentablemente, la Cámara no toma bajo su responsabilidad, ni ordena el esclarecimiento de las motivaciones que llevaron a la formulación de falsas denuncias que oportunamente realizaron Monseñor De Nevares y Fray Antonio Puigjané en 1983, como así también la connivencia, de otras personas que intervinieron en el proceso, como por ejemplo el Padre Pinto, Armando Torralba, Mona Moncalvillo, Monseñor Novak, Monseñor Hesayne y otros, quienes a través de una hábil campaña publicitaria y acciones jurídicas facilitadas por la conducía atípica del Juez de La Rioja Dr. Morales, ofrecieron una visión de la muerte de Angelelli carente de seriedad, tendenciosa y con marcados fines ideológicos.
Se había desbaratado un fraude judicial, pero insólitamente no había culpables, las responsabilidades se esfumaban, la evidentemente intencionalidad de calumniar e injuriar a miembros de las Fuerzas Armadas,operativo que además el castro-comunismo venía desarrollando en todo el continente, en consonancia con su objetivo de infiltrarse en la Iglesia, no fue sancionada como correspondía.
Kirchner oficializa la mentira
Se podrían derramar torrentes de tinta contando las andanzas de ese siniestro personaje llamado Puigjané. Recordemos lo que todo el mundo sabe: que participó del demencial asalto al Regimiento de La Tablada, el cual le costó la vida a cuarenta personas, mientras otras sufrieron horribles mutilaciones, como el Comisario Re, que perdió ambas piernas, o el Teniente Coronel Nani, con la pérdida de un ojo. Y bien, Puigjané, secuaz de Angelelli, como lo fue también del múltiple homicida Gorrirán Merlo, fue el gran alimentador de la teoría del asesinato de Angelelli.
Hoy, esta impostura marxista, ha sido oficializada por el Presidente Kirchner, quien —en un verdadero festival del clero y del laicado tercermundista— homenadó públicamente al Obispo Angelelli el último 4 de agosto, declarándolo víctima de un asesinato perpetrado por las Fuerzas Armadas.
Ya antes, en su estada en Roma, con ocasión de la asunción del Papa Benedicto XVI, Kirchner había homenajeado a los agentes de la subversión marxista que actuaron dentro de la Congregación de los Palotinos, hecho sobre el que ya informamos en su momento (cfr. "Cabildo", n° 46. mayo de 2005, pág. .
Parece un chiste de mal gus-to, pero sólo le falta canonizar a San Tucho. •




22 de Diciembre de 2011
El Pesebre en llamas
Por Antonio Caponnetto

El pasado 20 de diciembre, un revoltijo inmundo de agrupaciones comunistas se dio cita en la Plaza de Mayo para recordar la caída del funesto delarruismo, y la serie de oscuros episodios que envolvió a aquella infeliz jornada.
En tales circunstancias se quemó impunemente un pesebre y un árbol navideño, amén de consumarse las consabidas pintadas agraviantes sobre el frente de la Catedral. Las imágenes del Nacimiento estaban bendecidas, y habían sido hechas por las piadosas manos de unas ex alumnas del Colegio María Auxiliadora. En cuanto al árbol, y mas allá de la vulgarización comercial que de él se ha hecho, no deja de ser un símbolo tradicional del lignum vitae, del leño de la vida, prefiguración del de la Cruz.
Nada cuesta deducir que el hecho tiene todos los caracteres de un sacrilegio y de una profanación.
Es cierto que aquellos manifestantes blasfemos expresaron su oposición al actual gobierno. Pero también es cierto que coinciden con él en lo sustantivo; esto es, en la subversión cultural, espiritual y moral, en virtud de la cual, unos y otros viven para ultrajar al Decálogo cada día.
Acaso como un símbolo procaz de lo que decimos, Fernando Esteche, uno de los visibles responsables de la manada agresora, es al mismo tiempo profesor en la Universidad Nacional de La Plata, y en carácter de tal ocupó el palco oficial con que las autoridades educativas kirchneristas premiaron a Hugo Chávez el 29 de marzo de 2011. La libertad de la que goza para consumar reiterados desmanes y delitos a la vista del público, es la prueba ilevantable de su condición de compañero de ruta de los actuales dueños del poder.
El Gobierno, pues, no es ajeno a este vejamen. No sólo porque nada hace para contener el salvajismo o para castigarlo después, sino porque lo engendra y alimenta, lo acompaña y cultiva, toda vez que el desprecio a las enseñanzas de la Fe Católica es política de Estado.
El Ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego Santili, se quejó por los ciento cincuenta mil pesos que costó reparar el daño al espacio público. ¡Insensato crapuloso! Como si la ofensa al Verbo Encarnado fuera una cuestión presupuestaria o una alteración del paisaje.
El Jefe de Gabinete macrista, Horacio Rodríguez Larreta, twitteó “lamentar muchísimo que volviera a vivirse lo que justamente se estaba repudiando". ¡Imbécil consumado! Como si diez años atrás las masas se hubieran movilizado para repudiar la persecución a la Iglesia. Como si no hubiera un solo y único hilo conductor entre la gimnasia revolucionaria del marxismo, otrora y ahora, década mediante.
La DAIA condenó la afrenta “a un símbolo de la grey cristiana, representativo del espíritu de paz y armonía que las fiestas encarnan”, reafirmando “sus principios permanentes de respeto a los símbolos de todos los credos, de fortalecer los valores de promoción de la diversidad y la armónica convivencia de todos quienes conformamos el mosaico multicolor del tejido social argentino”.
¡Hipócritas! ¡Sepulcros blanqueados! Como si fueran equivalente el Misterio de la Encarnación y los falsos cultos, la Religión Verdadera con las mendaces, la manifestación de Cristo con los tenebrosos enredos sectarios, el horrísono Talmud con el Santo Evangelio, la Natividad del Redentor y las maquinaciones de los deicidas. Como si no fuera la causa de tanto estropicio “la promoción de la diversidad”, eufemismo vil utilizado para encubrir a los peores degenerados. Como si “el mosaico multicolor” no fuera otra elipsis para justificar la lenidad absoluta de cuanto pervertido ande suelto.
Cristina y su séquito peronoide, que parlan en cadena a cada instante para inaugurar una cloaca con el nombre de “él”, o comunicarle al país los últimos estertores de su rencor indigno, callaron ante tamaña irreverencia. ¡Miserable ella, de mil maneras merecedora de ser llamada estulta, irreligiosa e infame. Antítesis de la mujer cristiana, deshonor para sus congéneres y encarnadura penosa de arrogancia y maldad. Heredera política al fin de aquel cínico impar que incendiaba los templos, enmandilaba sus leyes, judaizaba sus programas de gobierno y declaraba a la vez su pertenencia a la grey católica.
Los obispos, por supuesto, también callaron. El Arzobispado de Buenos Aires repone el pesebre, vuelve a bendecir las imágenes, llama a la convivencia pacífica, a la construcción de una sociedad plural, al ecumenismo irrestricto de todas las creencias, y todo sigue su curso. ¡Ciegos que guían a otros ciegos! ¡Pastores devenidos en lobos! ¿Qué más tiene que suceder para que tomen conciencia de la tragedia que estamos viviendo? ¿Qué nueva conducta endemoniada tienen que presenciar para que escudriñen y vean con claridad lo que está sucediendo, para que reaccionen con firmeza, para que luchen con varonía, para que llamen a la resistencia activa y ardiente en defensa de la Cruz? ¿En que momento crucial de sus carreras eclesiásticas fueron emasculados de consuno, para que nadie quiera quebrar la colegialidad cobarde, llamando al combate frontal contra los enemigos de Dios y de la Patria?
En cuanto a los incendiarios, llegan tarde y en vano al festín del demonio. El Cristo que adviene ha derrotado al furente Herodes y ha dado cumplimiento a las profecías. Nace en la próxima, en las anteriores, en las futuras y en las eternas Nochebuenas. Él es el fuego, la lumbre, la llama, la brasa y el ardor.
Contra su ígnea divinidad se estrellan los Caifás y el Sanedrín en pleno. Contra su rostro irrefragable se tumban las teas de los caínes y los judas. Sobre su pecho manso y viril habita el cirio de la Pascua Nueva, las candelas lumínicas de María Santísima, el blandón de José, la promesa intacta de venir a la tierra a arrojar fuego (Lc. 12, 49), y a desear que su combustión amorosa y salvífica se extienda victoriosa sobre todas las naciones de la tierra.






19 de Diciembre de 2011
Las cosas invisibles
“Creo en un solo Dios Todopoderoso, creador de todo lo visible e invisible”
Símbolo de Nicea


SANTA NAVIDAD

Podían verlo todo, aún a la distancia,
sin confundir el blanco del vellón o el granizo,
distinguir entre el verde marchito de una acacia,
la retama amarilla, el olivar cobrizo.

Podían ver el tramo final de cada noche,
agazapando sueños bajo una luna fría,
los rebaños ajenos, iguales y distintos,
cada cual con su nombre, su cencerro y su guía.

Eran pastores diestros, podían asimismo,
ver en cada horizonte como en cada cayado,
el porvenir del tiempo, la luz de la madera,
el próximo torrente donde unir al ganado.

Los valles o las cimas no guardaban secretos,
para sus ojos hechos a contornos posibles,
pero un día inefable les fue dada la gracia
de contemplar silentes las cosas invisibles.

Un Angel fue primero, heraldo del pesebre,
de la impar teofanía custodio y pregonero,
un Angel señalado para que todos sepan
que el Verbo se hizo carne y refulge el lucero.

Mas después, tras el Angel, se dejó ver arriba,
una recia milicia celeste que alababa,
dando gloria al Nacido y paz para los hombres
de voluntad maciza como una antigua aljaba.

Oyeron viejos himnos, salmodias milenarias
hosannas y loores.Al fin todo calló.
Se cumplió la Escritura cuando entre sombras claras
notaron que era aquello lo que oído no oyó.

Danos Señor la gracia de poner la mirada,
en las cosas eternas que no solemos ver,
en las imperceptibles, incorpóreas, perennes,
brotadas al Principio de tu divino ser.

Concede a quienes pueblan esta patria de llantos,
la ciencia de saber que no sólo has creado
lo que pesa, se mide, se calcula o se vende,
sino la Cruz que supo dar nombre a lo fundado.

Haz que el mundo visible se rinda ante tu cuna,
así la sangre abraza dolorida a la llaga,
que la materia toda se convierta en vestigio
de la vez que dijiste: ¡Que la tierra se haga!

Vuélvenos pastoriles los oídos cansados
de escuchar estridencias más oscuras que el lodo,
que nuestra vista sea la de esos mayorales,
y por otear con Fe lo contemplemos Todo.


ANTONIO CAPONNETTO



 

 
   
 
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