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  Gustavo A.Bunse
 


 
7 de Septiembre de 2012
EL TERROR DE UNA PERVERSA MORAL
por el Lic Gustavo Adolfo Bunse


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Ella delira. Se le mezcla su enferma soberbia… de la voluptuosidad del poder, con las sombras más temibles de bultos que se menean… Hay un muerto en Humahuaca, por patotas políticas que claramente le responden … y sin embargo, se calla. Su selectividad moral… a quien esto escribe… lo hace estallar de repugnancia. Es claramente una perversa moral. Pocos deben saber… en la Argentina, con cierta exactitud, cuál es el único terror verdadero de esta contorsionista de la farsa bajo cuyo yugo hemos caído. Casi nadie sabe cuál es, objetivamente… el esquema principal de causales de sus ataques de pánico recurrentes. Cuál es, en su íntima convicción, casi el único factor del que no se siente segura en absoluto y del que, inversamente, presiente una especie de proximidad inexorable cuya fórmula real para esquivarlo… no existe a su alcance. No es su salud… por cierto en vías de secreto deterioro. No es el creciente poder de algún gremialista o de la coalición de gobernadores… que ha empezado a levantarle la voz en todo sitio sobre los temas rigurosos… que jamás se le cuestionaban y que siempre se le respetaban : El enfoque instrumental de las políticas públicas. No es tampoco su entorno, plagado de traidores, de hipócritas y de advenedizos, a quienes ella conoce con detalle quirúrgico. Ni siquiera es alguno de sus famosos “grandes” enemigos políticos antiguos o actuales a ninguno de los cuales considera suficientemente muerto en lo político como ella hubiera deseado. Tampoco es ninguno de los fantasmas externos ni Washington, ni el FMI, ni el G-20, ni sus vecinos odiados Dilma Rousseff y Piñera. No, nada de eso. El terror íntimo y verdadero de ella es nada más ni nada menos que “el problema social en ciernes”, sus líneas de tensión en límite de maduración para poner a desbordar todo, sin control por vía del chispazo más ingenuo e inocente que pueda ser concebido. Es una temible masa crítica de marginales, pobres e indigentes cuyo porcentual se anuncia en descenso mes a mes, pero que ella sabe íntimamente que no es cierto. Sueña con eso. Pero en su ánimo personal no se instala una preocupación genuina proyectada a resolver los problemas sociales desde su raíz. No hay en ella un enfoque generoso y dativo para ese déficit que resulta tan sensible a los correctivos desde el pináculo del poder. No. Su miedo es absoluto egoísmo y deseo de poner a salvo su pellejo. Miedo a tener que caer… sin remedio, en un escenario de caos generalizado que surja por vía de esos fenómenos de contagio sucesivo de factores desencadenantes que son absolutamente impredecibles. Se horroriza al extremo… al imaginarse que puede tener que vérselas con la decisión de seguir dejando que se queme y se destruya todo con su trágica liturgia montonera de “policías decorativas”. Ó acaso, frente a un problema de escala, tener que tomar la decisión de poner un límite verdaderamente contundente. He dicho aquí en forma reiterada… que todos los grupos de choque que ha preparado y que sigue ensanchando, están para protegerla aún en el peor de los escenarios de culpa que quiera crucificarla algún día. Están para poner coto… a como dé lugar… a cualquier desvío aún en los confines de la comarca… en Humahuaca o en Tierra del Fuego Y todo eso… entra mucho más en la lógica de una criminalidad como práctica política…apoyada mucho en el palio de su incapacidad estructural para ejercer la conducción pública… que en el enfoque elogioso de alguna filantropía dogmática puesta al servicio de proteger las vidas humanas. Si algún grupo logra generalizar el caos… incentivando a todos los “guetos” de marginalidad que conocemos aquí con el nombre de bolsones de pobreza, entonces va a ser difícil parar el problema. Quizás por esa simple razón, constituye el “único terror”, por cuanto ninguna otra cosa es esperable en materia de presiones desde la mansedumbre social argentina Ella subirá la apuesta hasta que las ruinas de Pompeya y Herculano, en cenizas, puedan ser fotografiadas por los diarios. Y la subirá… pagando después… los daños…con la Caja del Estado, dejando que todo siga por el camino de la divina providencia. De la casualidad. Esa es la liturgia que nace del terror de esta indecente. De esta perversa moral, que por lo que se ve, además de Once o de los demás muertos de su dinastía, es ahora responsable plena por la muerte de un compatriota… en Humahuaca. Una muerte, a manos de gente que responde en forma exclusiva a la Caja y a la voluntad vesánica de Balcarce 50 Lic Gustavo Adolfo Bunse gabunse@yahoo.com.ar

30 de Agosto de 2012
Acrobacia para proseguir el saqueo

Para muchos que la ven moverse en un camino zigzagueante, ella ha entrado en una especie de delirio enfermizo de contradicciones.
Las acciones -absolutamente superficiales- que impulsa con una inexplicable vehemencia, ninguna de las cuales puede escaparse del formato populista, objetivamente, no tienen destino. Ha decidido arrojarse al vacío. Y hacerlo en público.
En efecto, como una graciosa y torpe acróbata de un circo de barrio -y con sus medias caladas visiblemente raídas- piensa intentar una cabriola, sin tener la menor idea de las consecuencias. Parece que no tuviera red. Pero la red somos todos nosotros.
Para ella, estrellarse contra el piso es simplemente un ejercicio de cada día, que es practicado a expensas de nuestros intereses, de nuestro futuro y, básicamente, de nuestro estado de ánimo.
Tomar por idiota a toda la ciudadanía es una práctica compulsiva que ya no le alcanza a ella ni a su recua de mercaderes para seguir andando a los tumbos en esta senda de improvisaciones. Ha tomado, orgullosa, la vanguardia de la inmoralidad.
Y todos sus súbditos cruzan con ella -alegremente- la raya del delirio y de la falsificación. Demasiadas veces por día. Mareados ahora, en el mito degenerado de la autoridad sin límites -y acaso en su continuidad eterna en el poder- han logrado que ella convierta su rostro en una maldita mueca de soberbia, cuya sonrisa de Gorgona le sale, siniestramente, de costado. Una sonrisa de falsa suficiencia, que suele notársele bastante más cuando pasea por delante de la pleitesía y de la capitulación moral de todos los arrastrados que asisten a su atril diario.
La velocidad de su enriquecimiento en los últimos seis años ha superado las proporciones de lo entendible para un contador avezado. Un experto en cuentas queda en un estado de estupefacción al ver la evolución impresionante de sus ganancias. Un récord mundial que establece marca de medalla de oro en “personas a sueldo”. Casi ninguna persona física o empresa en el mundo ha podido lograr ese crecimiento patrimonial.
Y esto -que puede parecer una exageración- no se refiere al valor adquisitivo de su fortuna mal habida, sino sólo al ritmo extravagante de la acumulación de dinero en la “unidad de tiempo”. Cualquier inversión que quiera tomarse en los últimos treinta años en el país, desde el mejor de los bonos domésticos, todos, las locaciones inmobiliarias hoteleras más exitosas, los bonos de cualquier deuda, incluso los depósitos a plazo fijo que hayan sido más redituables e inverosímiles, los Money Market Funds estrella, no alcanzan siquiera al 28 % de lo que le han rendido a esta mujer.
Y eso admite un solo nombre: desfalco a mansalva.
A la hora de buscar excusas, sin siquiera sonrojarse, su gesto no puede superar al de un niño escapado de una calesita. Y, así, hablando de mil imbecilidades en Cadena Nacional casi todos los días, ella -lo más campante- nos vuelve a sonreír. Pues cualquier colectivo, la deja bien. Los cartuchos quemados de todas las bengalas y el acre olor a la bacanal de los fondos desfalcados son, como todo ha sido en ella, sólo vestigios desparramados por el piso de lo que hoy ya no puede verse. Son los restos, las señales o las huellas desdorosas del gran latrocinio histórico. El mayor de la República durante el último siglo.
Un día, asaltaron la Intendencia de Río Gallegos y convirtieron a los choferes en apoderados, a los porteros en dueños de escalones cruciales del Estado y a los secuaces de sus primeras horas en buscadores de fondos para depredar en poblado y en banda. El dinero de todas las campañas ha sido poco menos que un foco séptico. La clásica mesa de la repartija de una gavilla.
Parapetada en su moral hostil a la pupila de los honrados, ella confirma linealmente su desprecio por los hombres probos e indomables. Y aparece casi condenada ahora a seguir con la conscripción de los lacayos domesticados y envilecidos. A seguir tapando con ramas la trágica huella de su desfalco. Buscando disimular las pateaduras hechas en todas las puertas y cajoneras que han sido mutiladas para robar. Pero le será difícil.
Buscando cicatrizar con parches la terrible corrupción que desató en la obra pública y en las arcas de la enorme irresponsabilidad de los subsidios. Pero le resultará complejo. Y, aún así, la ignorancia colectiva preferirá quedarse callada cuando el parlamento decida escriturar otra reforma ortopédica y compulsiva para darle a ella otra retorcida oportunidad de seguir arrasando el país.
Toda la oposición parece empujarla -fervorosa- con la estupidez del pavo para que pueda perpetuarse. Muda e impertérrita hasta el grado de la repugnancia. Un desdén que se convierte en auxilio tácito de los hechos delictivos que se están perpetrando en la República Argentina, casi como un guiño colectivo a la inminente acrobacia para que prosiga el saqueo.
Lic. Gustavo A. Bunse | El Ojo Digital Política

 
   
 
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